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El silencio no es de Trump, por Juan Carlos Chávez

“A estas alturas de la pesquisa muchos advierten que el círculo va cerrándose sobre la intromisión rusa en el 2016 y las obstrucciones a la justicia de la campaña de Trump”.

Estados Unidos

Trump juega con un fuego que comenzó en un rincón y ha terminado propagándose a buena parte de sus dominios”. (Foto: AFP).

Cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, deslizó la idea de tener el derecho de concederse un perdón presidencial, olvidó una directiva que ha sido uno de los pilares de la vigencia del sistema democrático del país y sus instituciones. Y es el hecho de que nadie, ni el mandatario, está por encima de la ley.

Se lo recordó de forma tardía el republicano Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, en una conferencia de prensa que se realizó la semana pasada en Washington. Ryan no fue el único. Otros personajes y figuras del Partido Republicano lanzaron opiniones totalmente opuestas a la idea de que el presidente frene la investigación del fiscal especial Robert Mueller con el autoindulto y al mismo tiempo limite las responsabilidades del Departamento de Justicia.

Trump se equivoca al sugerir que la Constitución y el sillón presidencial le dan estos poderes. Si fuese de esa manera, creo que tendríamos que reescribir la historia y pensar en la idea de blindar algunos marcos legales para que otro mandatario, en el futuro cercano, no vuelva a lanzar un comentario de semejante naturaleza en relación con el perdón presidencial.

Pero lejos de medir las consecuencias políticas y ganar más adeptos, tengo la impresión de que Trump está absolutamente fuera de control sobre los avances y el perfil de la investigación de Mueller.

A estas alturas de la pesquisa muchos advierten que el círculo va cerrándose sobre la intromisión rusa en el 2016 y las obstrucciones a la justicia de la campaña de Trump.

Sin ir muy lejos, los adversarios políticos del mandatario seguramente están cruzando los dedos para que Trump se indulte a sí mismo y abra las puertas a un eventual cuestionamiento sobre su permanencia en la Casa Blanca.

Trump carece de olfato político y es muy probable que no le importe la crisis que pudiese desatar un perdón presidencial en primera persona. Allá él.

Lo que preocupa, y creo que otros analistas de la situación interna estadounidense están en la misma frecuencia de ideas, es que el presidente Trump continúe martillando todas las semanas (vía Twitter, por supuesto) la idea fantasmal de que las pesquisas son parte de una cacería de brujas y que el mandatario es una víctima.

El desarrollo de esta novela tiene a Rudy Giuliani, ex gobernador de Nueva York y abogado de Trump, asumiendo el rol del implacable provocador.

He visto a Giuliani en varias entrevistas en los últimos días, y en todas ha defendido la idea de que la investigación de Mueller está salpicada de partidismos y vacíos legales.

Nadie dijo que este proceso estaría resuelto en un encuentro de ida y vuelta. Tampoco estuvo en la agenda la idea de que el trabajo de Mueller podría terminar obstaculizando las elecciones de medio término, entre otros.

Los comentarios de Giuliani y la frenética movilización del equipo legal de Trump en días recientes no han sido casuales. Tuvieron su raíz en la filtración de una carta al periódico “The New York Times” sobre ‘los poderes’ del mandatario para hacer a un lado la pesquisa de Mueller.

En mi opinión, Trump juega con un fuego que comenzó en un rincón y ha terminado propagándose a buena parte de sus dominios. De esta emergencia, por supuesto, afloraron los nombres de algunos aliados y viejos amigos del presidente, y que ahora, por supuesto, ya no lo son por el alcance de la investigación.

¿Qué podría ocurrir en los próximos meses? Más drama y color a la política nacional. ¿Hasta cuándo? Es una buena pregunta. Me animo a pensar que será hasta el día en que Trump se reúna con Mueller y empiece a cantar sin el acompañamiento de su orquesta.

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