Un país que produce

“No se trata de cerrar mercados ni de caer en proteccionismos absurdos. Se trata de tener una visión de país”.
(Ilustración: Giovanni Tazza).

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Es momento de mirar con crudeza una realidad que no queremos seguir escondiendo bajo la alfombra: el Perú arrastra un abultado y creciente déficit comercial industrial. Solo entre enero y mayo de este año, el desbalance ha sido de US$5.279 millones y de US$13.700 millones un año antes. Y si revisamos los últimos cinco años, el patrón se repite. Importamos industria, exportamos subdesarrollo.

Hoy, de los 16 grandes sectores industriales, solo tres (alimentos, metales comunes e impresiones gráficas) tienen una balanza comercial positiva. Todo lo demás genera déficits. ¿Qué significa esto? Que no estamos produciendo lo que consumimos y que dependemos cada vez más de bienes industriales importados. Eso nos resta soberanía económica y profundiza las brechas de productividad. Los sectores que más explican esta hemorragia externa son la metalmecánica, los químicos y la refinación de petróleo. En cambio, los que aportan positivamente son los alimentos procesados y los metales comunes. Pero no es suficiente. ¿Dónde está la transformación productiva? ¿Dónde están los bienes industriales con valor agregado? Un dato alentador: el sector textil y confecciones viene cerrando su brecha. Pasó de un déficit de más de US$1.000 millones en el 2020 a solo US$240 millones al primer semestre de este año. Esto es el resultado de años de aprendizaje, de acceso a nichos de mercado con diseño e identidad, y de un empresariado que ha sabido reconvertirse.

Desde el Instituto de Desarrollo Industrial Sostenible creemos que esta situación es insostenible. El Perú necesita una industrialización con orientación exportadora, basada en innovación, valor agregado y articulación productiva. Tenemos que dejar de ser un país que exporta piedras y empezar a ser un país que produce ciencia, tecnología y manufactura avanzada. Proponemos que el Gobierno impulse un sistema nacional de zonas económicas especiales modernas y conectadas al comercio internacional; programas robustos de innovación tecnológica e ingeniería industrial; y financiamiento competitivo para la transformación productiva de las pymes.

Y, por último, una alerta: el megapuerto de Chancay puede ser un catalizador de desarrollo o una puerta de entrada a la invasión industrial asiática. Si no conectamos esa infraestructura con un tejido productivo que exporte manufactura, solo habremos construido un gran ‘shopping’ industrial chino.

No se trata de cerrar mercados ni de caer en proteccionismos absurdos. Se trata de tener una visión de país. Y esa visión debe estar construida sobre una industria nacional fuerte, innovadora y con proyección internacional.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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