El panorama corporativo global atraviesa una etapa de redefinición acelerada en medio de incertidumbres de distintos orígenes. Entre la volatilidad macroeconómica, la disrupción tecnológica impulsada por la inteligencia artificial y las complejas dinámicas geopolíticas, las organizaciones se ven forzadas a cuestionar sus modelos tradicionales de liderazgo. En este contexto de permanente transformación, la reciente publicación del Global Female Leaders Outlook 2026 de KPMG –basado en entrevistas a 634 líderes corporativas de 46 países– ofrece una radiografía de cómo las mujeres líderes perciben su entorno, sus carreras y, de manera crítica, el estado actual de la diversidad e inclusión en los directorios empresariales.
Uno de los hallazgos más contundentes del estudio es que la equidad de género ha trascendido la esfera de la responsabilidad social o el mero cumplimiento reputacional para consolidarse como un imperativo de negocio. El 65% de las líderes globales afirma que alcanzar la equidad de género en los puestos directivos es una palanca directa para lograr los objetivos de crecimiento de sus organizaciones. Históricamente, las mujeres líderes en el mundo corporativo se han forjado en la adversidad y la multitarea estratégica, aportando una agudeza crítica para identificar señales de alerta u oportunidades que otros podrían ignorar. Sus propias trayectorias profesionales les han dotado de una resiliencia diferenciada a la de sus pares masculinos. Hoy, las mujeres líderes entienden que no hay resiliencia posible a largo plazo sin diversidad en las decisiones de negocio.
Sin embargo, el informe pone al descubierto una paradoja alarmante sobre el compromiso corporativo. A pesar del consenso sobre el valor estratégico de la inclusión, el 32% de las encuestadas señala que las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) han dejado de ser una prioridad principal en sus organizaciones. Más preocupante aún: el 75% de las empresas se mantiene por debajo de la paridad de género en sus máximos órganos de gobierno, y un 10% de las ejecutivas cree que sus organizaciones jamás alcanzarán dicha paridad. Esta desconexión entre el discurso y la realidad exige una profunda autocrítica directiva: no basta con diseñar programas de equidad para mandos medios si los techos de cristal persisten intactos en los puestos directivos.
En cuanto al desarrollo de las carreras profesionales, el informe de KPMG aporta claves valiosas sobre los factores que impulsan la movilidad ejecutiva: el 76% de las encuestadas identifica a las redes de contactos personales y al ‘mentoring’ como los catalizadores fundamentales para su avance profesional.
Este dato resuena de manera especial con la labor que impulsamos desde organizaciones como Women Corporate Directors (WCD) en el Perú. La creación de redes sólidas no es un ejercicio pasivo de relacionamiento; es una infraestructura estratégica que visibiliza el talento, fomenta la sororidad corporativa y abre puertas reales hacia los espacios donde se toman las decisiones de mayor trascendencia.
Si miramos nuestra realidad, la evolución de la mujer en los puestos directivos en el Perú ha mostrado avances importantes pero todavía tímidos frente a la velocidad que exige el mercado actual. En los últimos años hemos visto un incremento paulatino de mujeres en gerencias generales, gerencias legales y financieras, así como en los directorios de corporaciones líderes. Sin embargo, el ritmo de cambio en los máximos órganos de decisión del empresariado peruano sigue dependiendo, en muchos casos, de iniciativas aisladas o del cumplimiento de normativas sectoriales, más que de una convicción transversal arraigada en la cultura corporativa local.
El Global Female Leaders Outlook 2026 y nuestra experiencia local nos entregan una certeza ineludible: la paridad no ocurrirá por inercia. Requiere intención, métricas claras vinculadas al gobierno corporativo y una convicción firme desde los directorios. La verdadera competitividad de las empresas peruanas dependerá de su capacidad para transformar la equidad en una estrategia viva, asegurando que la diversidad de pensamiento siga sentándose permanentemente en la mesa del directorio.
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