"Si lavarse las manos con agua y jabón frecuentemente es el mecanismo de prevención más eficaz, millones de peruanos que carecen de agua potable parcial o totalmente no pueden hacerlo". (El Comercio)
"Si lavarse las manos con agua y jabón frecuentemente es el mecanismo de prevención más eficaz, millones de peruanos que carecen de agua potable parcial o totalmente no pueden hacerlo". (El Comercio)
Fernando Rospigliosi

Analista político

Aunque el Gobierno y la mayoría de medios de comunicación, dizque por responsabilidad, están tratando de minimizar el impacto del en el , en realidad va a tener efectos devastadores sobre la población y la economía peruana.

Para empezar, los casos reconocidos por el Gobierno no guardan relación alguna con la cantidad de personas infectadas que realmente debe haber en este momento. Una de las características del nuevo virus es la facilidad y la rapidez con que se propaga. Si tomamos un solo ejemplo de casos comprobados, se puede hacer una idea aproximada de lo que está ocurriendo.

Dos hermanos, hombre y mujer, llegaron en avión de España, se alojaron en Carabayllo en Lima y luego viajaron a Huánuco, donde recién se comprobó que estaban infectados. Entre su llegada y la confirmación de la infección pasaron 12 días (8 hasta que se hicieron las pruebas), en los cuales se relacionaron con los pasajeros del avión, los del bus en que viajaron a Huánuco e interactuaron con familiares, amigos y desconocidos. ¿Cuántos habrán sido contagiados sin saberlo? Probablemente varios cada día. Y esos portadores, ignorando que están infectados, han continuado con sus ocupaciones habituales, esparciendo el coronavirus a un ritmo multiplicado. Ni el Estado ni nadie ha seguido la pista de esas personas, y a estas alturas ya no hay forma de hacerlo. Al momento que se publiquen estas líneas, solo a partir de esos dos hermanos podría haber decenas o centenares de contagiados.

Naturalmente, muchos de ellos nunca se enterarán de que estuvieron infectados por el COVID-19. Solo sentirán un resfrío pasajero. Pero contagiarán a otras personas y algunos sufrirán daños severos y podrían morir.

En suma, las estadísticas que se publican en el Perú no son confiables. Primero, porque a diferencia de países europeos, Corea del Sur o China, no hay controles estrictos ni manera eficaz de hacerlos. Y segundo, porque el Gobierno quiere empequeñecer el problema por obvias razones políticas.

La prevención y la atención serán desastrosas, de eso no hay duda. Si lavarse las manos con agua y jabón frecuentemente es el mecanismo de prevención más eficaz, millones de peruanos que carecen de agua potable parcial o totalmente no pueden hacerlo. Solo en Lima se hacen los análisis del coronavirus, con lo cual la posibilidad de detectarlo realmente es reducidísima. La capacidad de los hospitales para tratar los casos graves se verá saturada apenas se empiecen a presentar.

El ejemplo de Lombardía, la región más rica de Italia, uno de los países más prósperos del mundo con servicios sanitarios de primer nivel, es ilustrativa. Hoy día ya no pueden atender todos los casos graves y dejan morir a los pacientes más ancianos. Se puede imaginar lo que ocurrirá en el Perú.

Los efectos en la economía ya se están sintiendo y serán peores. El turismo, las exportaciones y muchos negocios serán afectados. El asunto es que las indispensables medidas para frenar la expansión de la pandemia afectarán sobre todo a esos dos tercios de la población que viven en la informalidad. Personas que viven al día y cuyas actividades se verán indefectiblemente reducidas al mínimo.

Las consecuencias políticas serán también negativas para el Gobierno. Aunque algunos ahora dicen que en realidad esto lo beneficiará porque aparecerá como una suerte de salvador, en realidad ocurrirá algo peor de lo que sucedió en el 2017 con el fenómeno de El Niño. En ese momento, la inmensa mayoría de analistas felicitó al Gobierno –porque el presidente y los ministros iban a repartir víveres y frazadas–, y sostuvo que era una especie de segundo debut, una gran oportunidad, etc., al tiempo que su popularidad aumentaba. Tonterías. Como escribí aquella vez: “Mi punto es que el Gobierno va a salir más débil y frágil de esta circunstancia. Que no tiene la posibilidad de solucionar adecuadamente las urgencias del momento, ni de realizar una reconstrucción rápida y efectiva” (El Comercio, 25/3/17). A los pocos meses la popularidad de PPK se desmoronó (antes de ser golpeado por el escándalo Lava Jato) y la reconstrucción fracasó.

Un país pobre con un Estado congénitamente ineficiente no tiene posibilidades de enfrentar con éxito una crisis como la actual. Menos con un gobierno incompetente como el de , hecho reconocido hasta por sus partidarios.

Otrosí digo. Los fiscales regresaron con las manos vacías de Brasil, repitiendo las cosas que ya se sabían. Quizá para tapar su fracaso anunciaron el pedido de prisión preventiva para Nadine Heredia y otros. Una consecuencia es que eso está haciendo crujir la coalición vizcarrista.