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Discutiendo en Babel qué es política, por Hugo Neira

“Ninguna gran nación en el mundo progresa solo por el mercado”.

Hugo Neira Sociólogo

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“Lo esencial hoy es la remoción de jueces y un Poder Judicial que no nos llene de vergüenza”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Antes de comentar, siento la obligación de comenzar con una cuestión que me parece capital: preguntarnos qué es política. Me parece necesario ponernos de acuerdo sobre lo que estamos hablando. Por ello acudo a una definición. Ni religión ni teoría. “Política es una actividad”. Y como el amable lector supone, es una noción plurivalente. Ahora bien, esa definición no me pertenece. Sigo un canon, es decir, algo probado y que una comunidad científica comparte. No soy un ‘opinólogo’, no tengo ese honor, apenas un profesor universitario que a ratos comenta el contexto social. La fuente, el Dictionnaire de Notions, tomo 2, página 1978. Lo de Babel es metáfora, en efecto, la del Génesis 11:1-9, la ciudad que Jehová destruye “haciendo que todos hablaran lenguas distintas”. O sea, la Lima de hoy.

Ahora bien, esa actividad –praxis, acción– es muy específica. Consiste en orientarse como actividad a la vida colectiva, al bien común. Hegel lo llamaba la “totalidad organizada”. En otras palabras, se ocupa de lo público. Sinceramente, entre nosotros peruanos, hay un obstáculo intelectual y moral. A muchos de nuestros paisanos lo de “lo público” se les atraganta.

Aterricemos. Somos hoy un país privatista. Un país de propietarios, comenzando con los campesinos, que provienen del famoso “fracaso” de la reforma agraria, de Puno a Cajamarca, “dos millones con tierras propias” (INEI). Y si sumamos las propiedades particulares en la enorme Lima y en ciudades, pues, ¡qué bien! No estoy diciendo nada contra la propiedad sino que se ha degradado lo público. Hoy quiere decir hospitales que son inferiores a clínicas, colegios públicos de los que huyen los padres de familia prefiriendo los privados. Y ha habido varias administraciones en Palacio que no pueden dejar de pensar el Estado como una empresa. Siento decirlo, ninguna gran nación en el mundo progresa solo por el mercado. Se necesitan inversiones para el largo plazo, como la educación o la salud. Economistas, ¡no todo tiene que tener retorno! Qué bien les va a Canadá o a Suecia, donde se separa los que hacen negocios de los que hacen política, ¿no? O Chile, o Uruguay.

Volviendo a nuestra política –¿es que la hay?–, se supone una actividad para resolver conflictos, no para crearlos. Pero nuestros mandatarios provocan conflictos, por lo general, artificiales. El presidente Vizcarra ha propuesto reformas. Una transformación del Poder Judicial, la bicameralidad, un referéndum. Aplausos. Y en medio de esa cesta de manzanas, una víbora. La no reelección de los futuros diputados y senadores. Francamente, ¿cómo puede esperar que el Congreso actual le apruebe lo que es un misil al corazón mismo del Parlamento actual? No sé quién se lo ha aconsejado, pero eso es double bind, es decir, una propuesta en la que una persona o un grupo pierde sea cual fuese su respuesta. ¡Les pide que desaparezcan! Sin duda, se gana el antikeikismo. Pero eso no es política. Lo sería proponer una renovación del Parlamento por tercios. Pero, por lo visto, está continuando la guerra sin balas que comenzó PPK y que lo ha llevado adonde está, a la calle Choquehuanca.

Lo esencial hoy es la remoción de jueces y un Poder Judicial que no nos llene de vergüenza. Que proteja a la sociedad. Una alumna me acaba de contar cómo ha perdido su casa porque un mafioso ha probado que el terreno era suyo, con la ayuda de un juez. A gritos el país pide justicia.

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