Un año de marea negra

A 12 meses del derrame de Repsol, los trabajos de limpieza y reparación no parecen haber cumplido las expectativas medioambientales.

Editorial El Comercio
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Resumen

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Fotos: Julio Reaño/@photos.gec
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Una vez conocida en toda su dimensión la magnitud del derrame de petróleo de la refinería La Pampilla, de la empresa Repsol, ocurrido hace exactamente un año en las playas de Ventanilla, fue claro que este era un desastre ecológico que nunca iba a poder subsanarse del todo. Rezagos de este accidente quedarían en el litoral peruano por un tiempo indefinido. Pero si bien los impactos del vertimiento de crudo en ecosistemas como el marítimo son sumamente difíciles de revertir, eso no quiere decir que no se deban hacer los máximos esfuerzos para minimizar el daño. La experiencia internacional apunta a que es posible. No obstante, a la fecha, 12 meses después de ocurrido el incidente, eso no es lo que el país ha visto.

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