Editorial El Comercio

La caída de los contagios del en el país, así como el avance de la campaña de vacunación (principalmente con la inoculación de las dos primeras dosis), ha permitido que los peruanos recuperemos en gran medida aquella normalidad que perdimos de golpe en marzo del 2020. Hoy, ya se puede asistir a clases presenciales, ir al cine, al estadio, a conciertos, a discotecas y hasta salir a la calle sin mascarilla en determinadas regiones del territorio nacional. Y, sin embargo, todavía hay un espacio que permanece vedado sin explicación alguna: el .

Más de dos años después del inicio de la cuarentena, en efecto, los periodistas todavía no podemos ingresar a la sede del Legislativo por razones que hasta ahora nadie termina de comprender. Así, la cobertura parlamentaria en el último tiempo se ha limitado a los exteriores de la plaza Bolívar y a seguir las actividades de la representación nacional por el canal oficial del Congreso. La excusa para esta cerrazón es, por supuesto, el coronavirus, pero como mencionamos anteriormente, dado que su repliegue en el país luce bastante controlado, la prohibición de que la prensa ingrese a los espacios destinados para su labor dentro del Legislativo constituye a estas alturas un abuso contra las libertades informativas en el Perú. Ni más ni menos.

En protesta por esta situación, representantes de asociaciones periodísticas como el Consejo de la Prensa Peruana, el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), la Asociación Nacional de Periodistas del Perú y la Sociedad Nacional de Radio y Televisión al Congreso para dejarle una misiva a la titular del Parlamento, , en la que le solicitaron que permita el reingreso de los hombres y mujeres de la prensa al recinto parlamentario. Las respuestas de Alva, sin embargo, fueron lamentables.

“Yo ya les he dicho el 3 de mayo que se está acondicionando la sala, va a haber porque sí he recibido muchas opiniones sobre ese tema, así que vamos a hacer una Junta de Portavoces y se verá el tema”, sostuvo ante los reporteros apostados afuera del Palacio Legislativo. Lo que quizá no entienda la señora Alva es que no se les está pidiendo un favor a los parlamentarios; permitir el ingreso de los periodistas al hemiciclo es, de hecho, una obligación, no ciertamente hacia los medios de comunicación, sino hacia los ciudadanos que tienen el derecho de conocer las actividades de sus representantes por medios plurales y diferentes a los oficiales.

Además, no se entiende qué quiere decir con aquello de que ha recibido “muchas opiniones sobre ese tema”. ¿Que hay congresistas o bancadas que se oponen a reabrir las puertas del hemiciclo? Si es así, pues debería comunicarlo ante la ciudadanía.

De hecho, a su salida ayer de la sede parlamentaria, el periodista Augusto Álvarez Rodrich –que junto con las colegas Zuliana Lainez y María Eugenia Mohme lograron reunirse con la señora Alva– informó que habían recibido “quejas de parte de los congresistas con respecto al trabajo de la prensa”. Como si el impedimento del ingreso de periodistas a la sede legislativa fuese realmente un acorazamiento de los congresistas para evitar coberturas incómodas. No olvidemos que, tres días atrás, el portavoz de Renovación Popular, Jorge Montoya, había señalado que no le parecía “conveniente” que los periodistas puedan acceder al Congreso “porque en el pleno se hacen muchas cosas”.

Por supuesto, esta actitud hacia la prensa no es exclusiva del Legislativo. Recordemos que desde el Ejecutivo también se han registrado episodios nefastos en los que se les ha denegado el acceso a los medios y que las entrevistas que el presidente ha ofrecido en casi diez meses de gobierno han sido contadas.

Pero su recurrencia no puede normalizarlas. El acceso de los medios a los lugares en los que se desarrollan aspectos de relevancia pública no es una concesión de las autoridades, sino un derecho de la ciudadanía y una demostración de salud democrática. Desde este Diario, nos unimos al pedido para que abran el hemiciclo inmediatamente.

Editorial de El Comercio

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