El tirano seductor

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, es popular entre los que pontifican la mano dura, pero su ejemplo representa un peligro para la democracia.

    Editorial El Comercio
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    de El Comercio

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    (Foto de Marvin RECINOS / AFP)
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    / MARVIN RECINOS

    En los últimos años, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se ha convertido en sinónimo de “mano dura”. Su administración le ha declarado la guerra a la delincuencia, en especial a las famosas maras –organizaciones criminales que han sembrado el terror en el país centroamericano desde los 80–, y lo ha hecho con la pericia con la que se administra una campaña de mercadeo: con mucha cámara, mucho espectáculo y, también, con altas dosis de autoritarismo y severidad. Ingredientes que le han servido para reducir las cifras del crimen en su país y para colocarse, dentro y fuera de él, como un paradigma de la lucha contra los delincuentes.

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