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La vara de Alan y Keiko, por Andrés Calderón

“Los hechos, hasta ahora, justifican una investigación más avanzada contra los Humala-Heredia que contra Alan, Keiko o PPK”.

Andrés Calderón Abogado. Profesor de la Universidad del Pacífico.

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"Haríamos bien quienes opinamos en medios de comunicación en sincerar, entonces, las diferencias… y nuestros latidos". (Fotos: Archivo El Comercio/Andina/Archivo El Comercio)

No es infrecuente escuchar este tipo de preguntas en reuniones amicales: ¿Y por qué demora tanto el proceso a Ollanta Humala? ¿Para cuándo extraditan a Toledo? ¿Y por qué nadie toca a Alan y Keiko? ¿En verdad van a convocar a Pizarro al Mundial? Los peruanos sí que somos impacientes. Si no, que lo diga Gareca. 

Voy a dedicar esta columna a analizar esta idea de que la justicia mide con distinta vara a los políticos investigados. ¿Hay ensañamiento con unos (llámese Humala, Toledo, PPK) a los que allanan, dictan prisión preventiva o impedimento de salida del país, y apañamiento con otros (Alan o Keiko) a los que no? Aunque sea impopular no sumarme a las teorías de la conspiración, sinceramente, no lo creo. Al día de hoy, las evidencias o indicios más sólidos de actos delictivos pesan sobre Toledo y Humala. Varios pasos después, PPK. Y muy distantes todavía, Alan y Keiko

En primer lugar, solo Toledo y Humala están denunciados. Los demás solo están investigados. Luego, solo a Toledo se le ha abierto proceso por corrupción (la coima para la Interoceánica). Respecto de PPK, una hipótesis de investigación es que pudo haber beneficiado a Odebrecht cuando fue ministro de Toledo. Pero más allá del conflicto de intereses (empresas de su titularidad percibieron dinero de la constructora brasileña cuando fue ministro), aún no se sabe de pruebas de delitos contra PPK. 

En las investigaciones por lavado de activos, la situación más complicada es la de Humala y esto es por dos razones. Primero, porque la investigación contra el Partido Nacionalista empezó antes, avanzó sin interrupciones y bajo un mismo fiscal (Juárez Atoche). La investigación de los supuestos aportes de Odebrecht a otros partidos como Fuerza Popular, en cambio, recién cogió tracción en setiembre del año pasado con la designación del fiscal Domingo Pérez. 

En segundo lugar, Humala y Nadine Heredia son los únicos líderes políticos sindicados directamente como gestores y receptores de dinero para sus campañas presidenciales (2006 y 2011). Si bien, según las declaraciones de Barata y Odebrecht, las campañas presidenciales de Alan, Keiko y PPK habrían recibido también aportes, ninguno de ellos habría sido el receptor directo. Vaticino que, llegado el momento y si se les complica el panorama, el argumento que utilizará su defensa será el del desconocimiento. Que nunca supieron de esos aportes, ni dieron instrucciones al respecto. Aquí, una nueva diferencia con los Humala-Heredia: a estos últimos se les imputa, con testimonios y agendas de por medio, acciones para simular ingresos profesionales que ocultasen la verdadera fuente del dinero. 

En suma, hinchen por el político que quieran, y critiquen los errores y excesos de jueces y fiscales (que los ha habido), pero los hechos, hasta ahora, justifican una investigación más avanzada contra los Humala-Heredia que contra Alan, Keiko o PPK. Haríamos bien quienes opinamos en medios de comunicación en sincerar, entonces, las diferencias… y nuestros latidos. 

PD: Como la mayoría de columnistas de este Diario, tengo la oportunidad de publicar en este espacio gracias a Fernando Berckemeyer, saliente director periodístico, a quien agradezco algo más que su generosidad. Como ex editor, le agradezco las cuartas y quintas repreguntas –con el dolor del cierre de edición– sobre un texto discutido hasta el cansancio. Como columnista, la crítica elogiosa de quien demanda más rigurosidad para sus lectores. Como lector, le agradezco una línea editorial, cuya claridad y consistencia, le devolvió la relevancia. La duda –ese ejercicio de humildad intelectual y búsqueda honesta de una mejor y más inteligente comprensión de la realidad– fue método y disciplina durante su dirección. Y como ex editor, columnista y lector de El Comercio, le estoy sinceramente agradecido.

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