No más Thanksgivings, por Mario Ghibellini
No más Thanksgivings, por Mario Ghibellini
Mario Ghibellini

Periodista

Cuando no faltaba nada para la celebración del (Thanksgiving Day), la más representativa de las festividades norteamericanas, cumplió con su largamente postergada promesa de renunciar al pasaporte y la ciudadanía estadounidenses. Con ello, pues, ha cambiado de pronto el pavo relleno, el pastel de calabaza y los partidos de fútbol americano entre los Chicago Bears y los Green Bay Packers, por el pollo a la brasa, el King Kong ‘trancaculero’ y las pichangas entre el UTC de Cajamarca y Unión Comercio. Y eso expresa, sin margen para la duda, la seriedad con que se ha tomado esta vez su afán de tentar la presidencia.

Muñecos de nieve

Hay que anotar, por cierto, que lo expeditivo que ha resultado ahora el trámite pone en evidencia que el proceso que inició con ese mismo propósito en la campaña del 2011 fue una mojiganga. Pero si hace la suficiente bulla con respecto al paso actual, esa vieja farsa se evaporará de seguro en el olvido, permitiéndole concentrarse en otros asuntos que reclaman su atención. O, lo que es igual, entrarle con todo a esa pollada bailable que suele ser la pugna por el poder en esta tierra del sol.

¿A qué asuntos nos referimos? Muy sencillo. El candidato de debería aprovechar, por ejemplo, el hecho de que el Niño todavía no haya golpeado realmente nuestro país para establecer sin demora propuestas firmes e irreversibles en su plan de gobierno. Esto porque, como se sabe, el fenómeno climatológico en cuestión trae a veces nevadas insólitas en algunas partes del territorio y ya hemos visto cómo se pone él cuando los copos empiezan a caerle cerca. Hace poco menos de un año, recordemos, su posición acerca de la ‘’ cambió de “es buena la medida del régimen laboral para los jóvenes” a “se debe anular el decreto” en tiempo récord. Y la razón que adujo para el viraje fue que la primera vez que le preguntaron sobre el tema “estaba en Nueva York, en medio de la nieve”.

Alguna nieve secreta ha de haber estado cayendo también en un valle perdido de nuestra serranía cuando redactó con su equipo de colaboradores el documento “Llegó la hora de crecer. 8 ideas PPK” (un supuesto resumen de su plan de gobierno), pues en el punto 2 del mismo se decía que, para eliminar procedimientos, evitar duplicidades y disminuir oportunidades para la corrupción, “debemos reducir el número de ministerios”. Y solo 24 horas después de haber presentado el texto ante la prensa, nuestro renovado compatriota salió a declarar: “Los periódicos destacan que vamos a reducir el número de ministerios. Eso no es así”. Es decir, se contradijo sin coartadas. Y esos muñecos electoreros, como es obvio, hacen lucir muy mal a los candidatos. Sobre todo a aquellos cuyo máximo capital político radica en una imagen de solvencia técnica, reñida con el populismo.

La otra renuncia

Kuczynski, sin embargo, no solo tiene problemas por sus demagógicos cambios de posición. Sus guiños al populismo, en honor a la verdad, a veces han sido majaderías en las que se matriculó desde un principio, como sus afanes por aumentar la remuneración mínima vital o por eliminar el . Y el –digamos- criterio que lo ha llevado a reclutar en su proyecto político a ciertos personajes notorios pero no notables, como Ciro Castillo Rojo, tampoco lo está ayudando.

Si quiere que le toque una presa en la pollada, entonces, la renuncia al pasaporte gringo no es suficiente. Tiene que devolver, además, el brevete para el desbarre populachero que parece haber recabado para esta campaña, porque la verdad es que en ese negocio hay otros candidatos que lo aventajan. Y si sigue así, solo va a terminar extrañando su pavo relleno el próximo año.

(Publicado en la revista Somos el sábado 21 de noviembre del 2015)