Resumen

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En el A.H. Virgen del Carmen de Chincha grupos de vecinos reciben el antiparasitario con la creencia de que se inmunizan contra el coronavirus. (Renzo Salazar / @photo.gec)
En el A.H. Virgen del Carmen de Chincha grupos de vecinos reciben el antiparasitario con la creencia de que se inmunizan contra el coronavirus. (Renzo Salazar / @photo.gec)
Por Gladys Pereyra Colchado

El frasco tiene la imagen de un toro y una frase que advierte su uso veterinario. “Solución inyectable para tratamiento y control de parásitos internos y externos”, dice la etiqueta. Pero hoy su contenido no será suministrado a bovinos, ovinos, caprinos o porcinos como especifica el empaque sino a niños, ancianos y vecinos sanos o enfermos del asentamiento humano Virgen del Carmen de Chincha. Es miércoles 13 de enero y una grabación a todo volumen invita al que escuche a recibir gratuitamente dosis de ivermectina con la promesa de que solo así podrán prevenir el COVID-19. Y los vecinos creen. Forman colas, dicen su nombre, su peso y beben el producto que una mujer de la autodenominada Patrulla Covid ha extraído del frasco con una jeringa. “Por favor, otro vasito para mi nieta”, ruega una mujer que ha hecho cola dos veces. No quiere protegerse sola. Nadie quiere hacerlo. Aquí están familias enteras recibiendo el antiparasitario, sintiéndose a salvo, aunque hasta ahora no exista certeza de que les proteja de nada.

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