"No saldremos de esta crisis apelando simplemente al 'sálvese quien pueda' o al 'piloto automático'", escribe Verónika Mendoza. (Foto: GEC)
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Verónika Mendoza

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Aclaración: Esta columna de Verónika Mendoza fue publicada el 6 de febrero como parte del despliegue de El Comercio y tras invitar a todos los candidatos presidenciales a que escriban su visión de país.

Hoy, la situación económica de las familias del Perú está sumamente deteriorada. Muchas han agotado todos sus ahorros y hasta sus escasos fondos previsionales, se han endeudado más, y existen unos tres millones de empleos adecuados menos que en el 2019.

Precisamente cuando empezaban a recuperarse, a enrumbar sus negocios y encontrar empleo, la segunda ola de la pandemia pone en riesgo estos esfuerzos. La explosión de contagios y enfermos no solo desbordó rápidamente el sistema de salud y generó un doloroso pico de mortalidad, sino también pone un freno a la recuperación económica. ¿Cómo pretender que el consumo va a aumentar justo cuando la gente está profunda y justificadamente preocupada por su salud y su vida, o que la inversión privada se va a reactivar cuando la incertidumbre no permite saber qué pasará el próximo mes? Por eso, para reactivar la economía, lo primero que se debe hacer es controlar la pandemia, con medidas claras para reducir aglomeraciones y contagios, con el fortalecimiento del sistema de salud desde el primer nivel de atención hasta los hospitales, con una amplia distribución de oxígeno, y con una campaña de vacunación rápida, efectiva y sin discriminaciones.

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Verónika Mendoza

En segundo lugar, urge entregar apoyo económico a las familias con un tercer y cuarto bono universal, como lo venimos planteando desde hace meses. Su primer efecto será permitir que las familias compren alimentos y bienes básicos y así puedan cuidarse quedándose más en casa. Pero, además, esos gastos de unas familias serán ventas e ingresos de otras, dando así soporte a millones de autoempleados, microempresarios, agricultores, y también a medianas y grandes empresas orientadas al mercado interno. Por eso es tan importante que se haga lo más masiva y rápidamente posible; de hecho, debió haberse entregado antes de la cuarentena para que esta fuera efectiva. No hay tiempo que perder, tenemos recursos para hacerlo y una experiencia previa que aprovechar y mejorar. El Estado Peruano tiene, según datos oficiales del BCR, S/72 mil millones de ahorro fiscal depositados en la banca nacional, mientras un bono nacional (no solo a cuatro millones de familias) cuesta la doceava parte de esa suma. La emergencia actual justifica plenamente usar esos fondos y, ya con la reactivación en marcha, se equilibrarán las cuentas fiscales. Para acelerar la entrega de los bonos evitando aglomeraciones y contagios, se debe abrir ya cuentas DNI a todos los peruanos aprovechando la tecnología digital y un sistema bancario interconectado.

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Junto al bono, necesitamos un programa de financiamiento a bajas tasas de interés como Reactiva Perú, pero evitando beneficiar a empresas corruptas o con dineros en paraísos fiscales y, sobre todo, dando prioridad en esta oportunidad a las microempresas y pequeñas empresas. De esa manera, podrán seguir operando, dando empleos y pagando planillas; eso sí, siendo estrictos en impedir despidos arbitrarios o violaciones de los derechos laborales. Los mecanismos financieros de apoyo también deben llegar a los consumidores y a los deudores hipotecarios para que tengan intereses reducidos y períodos especiales de gracia en esta etapa difícil. Por otro lado, es vital darle un impulso decidido a la inversión pública destinándola principalmente a proyectos de ejecución rápida que permitan ir cerrando brechas de infraestructura y generar empleos. Desde Juntos por el Perú nos hemos planteado incrementar la inversión pública en 2% del PBI el primer año de gobierno para estos efectos.

No se trata de dádivas paternalistas, como señalan algunos, sino de los primeros pasos imprescindibles para reactivar la economía y el empleo, cuidando la salud y la vida. No saldremos de esta crisis apelando simplemente al “sálvese quien pueda” o al “piloto automático”. Si este ya era nefasto en “tiempos normales”, se vuelve inmoral en tiempos de crisis en los que está en juego la vida misma. Es tiempo de decisión, de valentía, de unidad y solidaridad. Juntas y juntos sí podemos salir de esta crisis.

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