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Mi corrupto, tu corrupto, ¿nuestro corrupto?, por Diana Seminario

No podemos entrar en la absurda lógica de que “la corrupción de mis enemigos es mucho peor que la corrupción de mis amigos”

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(Ilustración: Víctor Aguilar)

Si algo debiera unirnos como peruanos es la lucha contra la corrupción, pero al parecer este tema también polariza, divide y altera. Lo que –desgraciadamente– venimos viendo es que cada quien desde su trinchera cree que tiene todo el derecho de calificar al otro de corrupto, más allá de aseveraciones objetivas o reflexivas: “¡Tú eres corrupto!”… “Tú también!”. Esa es la consigna.

No podemos entrar en la absurda lógica de que “la corrupción de mis enemigos es mucho peor que la corrupción de mis amigos”.

Lo que es innegable es que lo que hemos venido escuchando en la mayoría de los audios que se han hecho públicos son inaceptables y repudiables negociaciones delictivas. Sin embargo, es bueno aclarar que la mención de un malhechor sobre alguien no convierte a este automáticamente en corrupto.

No vayamos a perder el foco, porque si empezamos con “todos son corruptos”, al final nadie lo es.

En este contexto, es positivo que al ex presidente de la Corte Superior de Justicia Walter Ríos se le haya dado prisión preventiva. Esperamos las revelaciones de este sujeto, que ayudarán a cerrar el círculo. Es también saludable que el Congreso por unanimidad haya destituido a todos los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM).

También es una buena señal de que el Ministerio Público, en lo que fue la primera acción de su titular Pedro Chávarry, decidiera unificar el equipo especial Lava Jato y se haya designado al fiscal superior Rafael Vela Barba como su coordinador. Hace mucho venimos esperando resultados tangibles y que puedan darse las acusaciones respectivas. Confiamos que esta medida acelere los procesos.

Como se ve, se avanza en hechos concretos, que deben quedar al margen de manoseos políticos o valoraciones que no vienen al caso.

En este sentido, llama la atención las declaraciones del ex fiscal de la Nación Pablo Sánchez, quien asegura que “el impacto de los audios es mayor que el del Caso Lava Jato”. Aquí no se trata de definir cuál caso implica mayor corrupción o impacto. Ambos son una tragedia para el país.

Por eso, así como exigimos celeridad y acciones para castigar a los involucrados en la mafia que se ha hecho pública con la difusión de los audios, también es importante que con ese mismo énfasis nos preocupemos en que no se descuide la investigación de Lava Jato, por ejemplo. No vamos a desvestir un santo para vestir otro.

Es cierto, estamos indignados, cansados de tanta inmundicia, pero quizá era necesario “tocar fondo” para recomenzar. Solo anhelamos que nuestras autoridades estén a la altura de este desafío.

Hace 18 años, también vimos el abismo y pareciera que no aprendimos nada, pues hemos recaído. Entonces, un personaje tomó la bandera de los ideales de la democracia y lucha contra los corruptos, pero no se libró de la plaga y ahora es un prófugo de la justicia.

Esta es la oportunidad de avanzar de verdad. Ya no hay tiempo. Si no es ahora, ¿cuándo?

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