Mientras Alex Kuczynski Casey, Nancy Lange, Suzanne Kuczynski Lange y Carolina Kuczynski Casey entonan el himno peruano, Sepúlveda guarda respetuoso silencio. (Foto: Lino Chipana/Archivo El Comercio)
Mientras Alex Kuczynski Casey, Nancy Lange, Suzanne Kuczynski Lange y Carolina Kuczynski Casey entonan el himno peruano, Sepúlveda guarda respetuoso silencio. (Foto: Lino Chipana/Archivo El Comercio)
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

Cuando Toledo ganó y nos familiarizamos con su entorno, llamó la atención un hombre alto y corpulento, pero bonachón en apariencia. Era mayor que el presidente, y al verlo con él parecía una suerte de consejero y compinche a la vez. La prensa bautizó a Adam Pollack como ‘el primer amigo de la nación’. Josef Maiman contó mucho después que cuando se encontraban los tres, bromeaban diciendo que Josef era ‘el segundo amigo de la nación’.

Pedro Pablo Kuczynski y Gerardo Sepúlveda hicieron clic en Chile en 1992. era un dinámico cincuentón con mucho millaje. Había sido ministro de Energía y Minas en el gobierno de Belaunde y supo ligar su conocimiento de ese sector con su habilidad para las altas finanzas. En esa faceta acumuló consultorías y cargos. Uno de ellos fue ser vicepresidente de directorio de la chilena CAP (Compañía de Aceros del Pacífico), donde el joven Gerardo, de 27 años, era director de desarrollo. Este había estudiado auditoría en la Universidad de Santiago de Chile (Usach) y finanzas en la Universidad Adolfo Ibáñez.

Por la diferencia de edad y la coincidencia de vocaciones, Gerardo de alguna manera se convirtió en el hijo que PPK sí tuvo –John Kuczynski Casey– pero con el que mantiene una cordial distancia. En la toma de mando de julio del 2016, no estuvo John, pero sí sus tres hijas y, claro, estuvo Gerardo. Por coincidencia, el chileno también es casado y tiene cuatro hijos.

En 1993, ya ambos trabajaban en Miami en Westfield Capital, empresa en la que PPK era el único socio y dueño, como reconoció en su último mensaje a la nación. Gerardo era analista de proyectos. Con el paso del tiempo, la colaboración y la amistad se fortalecieron. Junto a un equipo en el que participaban otros peruanos como Eduardo Elejalde y Fernando Montero, además de Nancy Lange que se unió a PPK en 1995, formaron varias empresas.

Una de las aventuras empresariales de este grupo peruano-chileno-estadounidense fue crear el Latin America Enterprise Fund (LAEF) en 1998, un fondo con inversionistas entre los que se contaban las universidades de Harvard y Stanford y el fondo de pensiones del estado de Wisconsin, donde nació Nancy. El LAEF compró el Parque del Sendero, un gran complejo de cementerios de Chile. PPK y sus socios han invertido en la vida y en la muerte de mucha gente.

Pero volvamos a Westfield, que ese es el hueso atragantado que asfixia a PPK, pues allí recibió pagos de mientras era funcionario. Gerardo, el gran amigo, quisiera sacárselo pero no puede.

—¡Encuentra el poder, Gerardo!—
Una fuente oficialista me contó que en la larga reunión palaciega del jueves, antes del mensaje a la nación, un abogado del presidente explicó que Westfield, mientras PPK fue funcionario de Toledo, fue gestionada íntegramente por Sepúlveda. El abogado dijo a los ppkausas que el chileno tenía una condición, una suerte de ‘officer’ empoderado, que, de acuerdo a la legislación gringa, restaba responsabilidad al presidente. Contó, además, que Sepúlveda, en Chile, estaba buscando el documento crucial que confirmara esa condición.

Me comuniqué con una representante de Sepúlveda en Santiago. Me dijo que él no deseaba declarar por ahora. Le pedí documentación en el sentido del que busca la defensa del presidente, pero solo recibí un link a un registro empresarial de Florida, donde, en efecto, figura que en el 2006 es Gerardo y no PPK quien firma la hoja de reporte anual de la empresa, aunque en la misma hoja PPK sigue siendo el dueño y también ‘officer’. En otros años, PPK firma el reporte.

Formalmente, PPK no era socio de Gerardo en Westfield, pues era el único dueño; tampoco eran socios en First Capital (FC), pues solo Gerardo era dueño. Pero ambas se dedicaban a asesorías financieras para grandes proyectos. FC se fundó en Miami en el 2001 y se trasladó a Chile en el 2006. Westfield sobrevivió a varios períodos.

—Santiago querido—
Insistí en hablar con Sepúlveda, pero me dicen que solo declarará, tal vez, a partir del viernes. En ese cálculo temporal, presumo, está considerado el debate de la vacancia de su amigo previsto para el jueves.

Hoy Chile elige a un nuevo presidente y en unos días, aquí, PPK dejaría de serlo. Gerardo Sepúlveda tendrá la ocasión de declarar quizá, a requerimiento de la defensa de PPK, en las investigaciones fiscales y congresales que se le vienen encima. Habrá documentos y testigos que aporten indicios de cómo la relación comercial y amical entre ambos constituye un atenuante o un agravante del escándalo de enterarnos de que la empresa unipersonal de PPK, Westfield Capital, hizo negocios con Odebrecht mientras él era funcionario.

Conversé con un amigo de Sepúlveda. Me pidió no mencionar su nombre, pero sí que fue el ejecutivo de Odebrecht que lo contrató para el proyecto de H2Olmos. En esa ocasión, Sepúlveda trabajó con PPK y este facturó por ello, tal como lo reconoció una semana atrás. Sin embargo, el hoy ex hombre de Odebrecht dice que nunca vio a PPK, pues todo el trato fue con Gerardo.

El primer amigo de la nación ppkausa tiene mucho que contar sobre cómo planificaban negocios juntos trabajando por separado.

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