"La crisis nos recuerda que nada mueve las cosas con más fuerza que el sentido de supervivencia". Lee la columna de Luciana Olivares. (Ilustración: kelly Villarreal / Somos)
"La crisis nos recuerda que nada mueve las cosas con más fuerza que el sentido de supervivencia". Lee la columna de Luciana Olivares. (Ilustración: kelly Villarreal / Somos)
Luciana Olivares

Eran las 12:55 y aún no abrían la puerta del restaurante donde había quedado en almorzar con Alonso, una de las personas más emprendedoras que conozco. Él es un valiente empresario arequipeño que comenzó vendiendo celulares para sacar adelante a su primer hijo, cuando recién tenía 23 años, y que hoy participa en cuatro compañías y da trabajo a más de 180 personas. Mientras esperaba en mi carro para no morirme de frío, miraba por el retrovisor su flamante llegada, especulando con qué transporte exótico llegaría esta vez ya que es un fan de los autos y de las motos.

Sin embargo, ante mi sorpresa, no llegó en un auto último modelo ni en una de sus motos, sino en un carro bastante antiguo. Ya sentados en el restaurante, me pidió disculpas por el retraso: había tenido un inconveniente con su vehículo, que ya tenía varios añitos encima. ¿Habrá tenido que renunciar a sus engreídos por la crisis?, me preguntaba. Menos mal que no tuve que indagar para obtener mi respuesta.

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Alonso comenzó la reunión con una poderosa reflexión. Me decía que esta pandemia le había demostrado el exceso de comodidad en la que sentía que estábamos, como humanidad y específicamente como empresarios. Estamos acostumbrados a estar en modo automático, acelerando y frenando con un simple movimiento de pie, olvidándonos de que los más importantes cambios dependen de nuestra muñeca. Viajamos por la vida apretando botones que nos abren ventanas o ya ni siquiera las abrimos porque ahora existe el aire acondicionado y nos perdemos de mirar hacia afuera, de sacar la cabeza. Ahora podemos viajar en piloto automático y programar el camino en modo crucero, a una velocidad promedio libre de estrés y sobresaltos. Hasta los choques ya algunos los pueden predecir o evitar activando una alarma a prueba de distraídos.

Sin duda, Alonso no se estaba quejando de las bondades de los autos modernos, pero estaba usando sus funcionalidades para explicarme que, si bien los avances tecnológicos nos facilitan la vida, pueden volver nuestros sentidos y nuestra capacidad de reacción lenta, oxidada y hasta ociosa. Por eso, él había tomado la decisión de manejar un auto antiguo como un recordatorio constante de estar siempre en alerta y despertar todos esos sentidos que tenía dormidos.

Me gustó su analogía y más que la ponga en práctica y se obligue a salir de esa comodidad que a veces nos hace estar ciegos ante lo que pasa a nuestros costados, porque resulta que vivimos aferrados al timón y mirando solo hacia adelante.

Mientras lo escuchaba, no pude evitar recordar mis clases de Historia. ¿Estaremos, como humanidad y empresarios, enfrentando las consecuencias del sedentarismo físico y mental? ¡Estaremos ante un redescubrimiento de las ventajas de ser nómades? Con mis preguntas no solo me refiero al fenómeno llamado “nómades digitales”, una nueva modalidad laboral para quienes quieren trabajar desde cualquier parte del mundo y que hoy es promovida por países como México o Dubái, con incentivos y visas especiales.

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La pandemia, el distanciamiento social y la crisis no solo nos han demostrado que hoy podemos trabajar desde cualquier parte del mundo, sino que sobre todo nos han hecho volver a nuestro instinto más básico: sentirnos en modo supervivencia y, como en el caso de nuestros antepasados, buscar preservar la vida y la salud. Así como en la prehistoria nos buscábamos la comida afuera sin esperar a que venga un motorizado con su bolsita de delivery, también protegíamos el medio ambiente porque éramos absolutamente conscientes de que dependíamos de él.

Estábamos en constante movimiento para descubrir nuevas oportunidades y en modo alerta para prevenir potenciales amenazas. Creo que la crisis que estamos viviendo tiene que recordarnos que nada ni nadie, ni siquiera la máquina más poderosa, moverán las cosas con más fuerza que nuestro sentido de supervivencia. Quizá toca plantearse el ponerse en modo nómade mental porque hoy el exceso de ser sedentario puede dejarte como un profesional primitivo. //

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