Los antojos de las cuatro de la tarde comenzaron en la noche

“Después de un par de noches de mal sueño, la señal de apetito sube y la de saciedad baja. No hace falta que durmamos mal durante años. En estudios con personas sanas, siete noches de pocas horas bastaron para observar cambios en las hormonas del apetito, del estrés y en la respuesta a la insulina”.

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Muchas veces, en KO me cuentan que la fuerza de voluntad se “desvanece” hacia media tarde, cuando aparece algo dulce, algo muy salado o algo crocante que cualquier otro día habrían dejado pasar sin pensarlo. A pesar de no estar ovulando ni con la regla, provocan sin parar. Y no crean que son solo las chicas, los chicos también tienen esa vocecita que los invita a buscar un sabor estimulante. Unos días con mucho mayor intensidad que otros.

Les cuento que el problema rara vez comienza con la galleta, las papitas o el chocolate. Muchas veces comienza la noche anterior. Cuando dormimos poco el cuerpo tiene que resolver un problema: mantenernos funcionando sin haber descansado. Para lograrlo sube nuestras señales de alerta y modifica la forma en que regulamos el apetito. Tenemos una señal que dice “necesito comer” y otra que dice “ya fue suficiente”.

Después de un par de noches de mal sueño, la señal de apetito sube y la de saciedad baja. No hace falta que durmamos mal durante años. En estudios con personas sanas, siete noches de pocas horas bastaron para observar cambios en las hormonas del apetito, del estrés y en la respuesta a la insulina. Solo una semana. Tampoco se trata solo de una señal más fuerte de apetito, sino que nos provocan alimentos específicos, grasosos, hiperdulces o salados y crocantes. De esos que estimulan muchísimo las papilas gustativas.

Dormir poco altera la forma en que el cerebro responde a los alimentos que nos dan placer. No es que los alimentos sean más ricos, el nuestro estado físico, mental y emocional, que se encuentra des-regulado. Ahora, como amanecimos con más hambre, decidimos comer menos para “compensar”. Nos aseguramos de recortar al máximo nuestra ingesta durante el día y claramente llegamos a la noche súper cansados y con un hambre enorme. Somos tan duros que encima de esto decidimos que el problema es que nos falta disciplina.

Pienso que poder comprender estos mecanismos fisiológicos, mentales y emocionales lejos de quitarnos responsabilidad, nos ayuda. Entendiendo, podemos implementar herramientas para actuar diferente. Si sabemos que después de una mala noche vamos a tener más hambre, podemos anticiparnos. Comer suficiente, incluir proteína, evitar tomar más de una taza de café e irnos a dormir más temprano ese mismo día.

Entonces, la próxima vez que no durmamos bien y aparezca esa tarde difícil, antes de preguntarnos “¿qué me pasa?”, preguntemos “¿cómo dormí?“.

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