Jaime Bedoya

Hace un par de meses el primer ministro le dio al país la segunda peor noticia luego de la eliminación al mundial: había presentado su renuncia al .

Es atendible el casi octogenario aburrimiento del doctor Torres, pero no debería pasarse por alto el dilema que crearía su partida: ¿quién nos alegraría la vida con esas ácidas incongruencias a las que nos ha acostumbrado?

Sus disparates han sido una brisa de chiflado aire tóxico en medio del analfabetismo funcional del gobierno. Estos exabruptos articulados contrastan frontalmente con el candor sindical del presidente Castillo, cualidad manifestada ante los del mundo que el maestro menciona con la misma inocencia con la que el asno acariciaba flores con su hocico.

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Felizmente, en virtud de esa visión caleidoscópica que reúnen al niño y al pollo, a Rusia y a Croacia, a la vacuna y a la inundación de Juliaca, Castillo obvió esa renuncia. Quedó en un cajón de Palacio, o en el helicóptero que lo llevó al enésimo concejo descentralizado del que nunca habrá acta, ni cumplimiento, ni nada.

Basta de quejas. Aportemos salidas.

En el Perú, por cada seis meses que alguien esté al frente de un ministerio le tocan luego ocho años ante la fiscalía. Atendiendo a esta contingencia este gobierno optó por la fluidez designando ministros con kilometraje judicial. Pero lo ha hecho mal. Con principiantes como el exministro Silva.

Para consolidar ese criterio de empleabilidad y gestión, el gobierno tiene al alcance inmejorables Recursos Humanos: los de la Policía Nacional. Bastaría con escudriñar sus megaoperativos para desprender de ellos un gabinete flagrante y avezado. Algunas opciones:

Las Hechiceras de la salsa es una banda de clonadoras de tarjetas que, potenciando farmacéuticamente sus atributos frente a los ardores reprimidos en pandemia, engatusaban a sus víctimas bajo la modalidad del fraude romántico. Su cabecilla doña Susana Chiroque Cayllampa (a) Almanaque, goza de gran facilidad de palabra, fortaleza clave en el plano político. Luego de estar requisitoriada un año y medio, ya enmarrocada y decúbito prono, declaró: “quiero aclarar que no soy prófuga de la justicia”. Almanaque sería una perfecta ministra de Interior.

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Los Bolt de La Colmena son una banda que trabajaba en horas punta aprovechando el cambio del semáforo. Ahí se hacían de los celulares de los ciudadanos. Su cabecilla, Rudy Ramos (a) Nilo, tenía estructurada una funcional red de reventa entre los choferes de transporte ilegal de la zona, que convenientemente frenaban sus unidades para facilitar el trabajo de los Bolt y asegurar la constante renovación de equipos. Román tiene las competencias requeridas para el despacho de Transportes y Comunicaciones.

Los malditos del Cementerio asolaron Villa El Salvador hasta hace unos meses, en que una efectiva acción del patrullaje motorizado capturó a su líder Filomeno Mayuri, (a) Antibiótico. Especializados en sicariato, durante la pandemia Los Malditos cambiaron de rubro y se dedicaron a profanar camposantos. Antibiótico fue detenido en las inmediaciones del Ovalo Cocharcas cuando no pudo dar cuenta de 17 pares de zapatos de difuntos que llevaba en su poder, algunos inclusive con hueso. En su defensa alegó “¿acaso ellos caminan?”, evidenciando sangre fría para la falacia, un plus frente al control de daños.

Aníbal, Dimitri y compañía, renuncien tranquilos. Sobran cuadros para lo que busca este gobierno.

“La claven en cualquier pared”.

“Toma cada ocho horas”.

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