Para muchos, el café empieza cuando el barista pesa los granos, calienta el agua y elige un método de extracción. Para Oventeni, la historia comienza mucho antes: en las fincas de este centro poblado de la provincia de Atalaya, en Ucayali, donde se cultivan variedades de café de especialidad y donde cada grano lleva consigo el trabajo de agricultores que viven en el territorio. Esa historia es ahora la que busca llegar a Lima a través de Oventeni, una nueva propuesta que pone en vitrina un café amazónico con trazabilidad y comercio justo.
Detrás del proyecto están Guillermo Herrera y Gianina Flores, quienes han decidido convertir en una marca y una experiencia algo que durante años permaneció ligado a sus propias historias familiares.
Para John Ramírez, productor del café, Oventeni representa mucho más que el lugar donde se cultiva el grano. Vive allí desde hace más de 12 años y llegó por motivos laborales, cuando trabajaba para el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa), fue entonces cuando descubrió el potencial de la zona y decidió comprar un terreno.
Desde hace aproximadamente ocho años comenzó a definir qué camino seguir: el café convencional o el café de especialidad. Eligió el segundo, aun sabiendo que implicaba trabajar con variedades más complejas y de menor productividad.
“Yo decidí el café de especialidad”, cuenta. Esa elección terminó marcando el rumbo de un proyecto que hoy busca conectar directamente el territorio con el consumidor.
En la finca trabajan de manera permanente seis personas y, durante la temporada de cosecha, el equipo puede crecer hasta unas 10 o 12. Son habitantes de Oventeni que participan en las diferentes labores del cultivo y que, para Ramírez, forman parte de una misma familia.
La relación con ellos no se limita al trabajo agrícola. Comparten comidas, actividades deportivas y talleres. La intención es que quienes participan en la producción también sean parte del crecimiento del proyecto.
Pero hay otro elemento que para el productor resulta fundamental: el territorio. Oventeni está rodeado de bosques y esa condición ha llevado a plantear una producción que busca preservar el entorno. En lugar de ampliar indefinidamente las áreas de cultivo, la apuesta está en aprovechar mejor las tierras que ya están destinadas a la producción.
“Lo que caracteriza al café de Oventeni es lo que hay detrás del café”, explica Ramírez. Para él, la fortaleza del producto está precisamente en esa dimensión social y ambiental que acompaña al grano.
La historia de Oventeni también tiene una dimensión personal para Gianina. Nacida en Atalaya, creció tomando el café que llegaba desde Oventeni. En su casa, recuerda, compraban los granos a los ashéninkas y luego los molían a mano.
Por eso, llevar este café a Lima tiene para ella algo de regreso a sus propias raíces.
El proyecto que durante años había permanecido como una idea familiar encontró finalmente una forma de llegar al público. La intención, explica, es que otras personas puedan experimentar algo parecido a lo que ella vivió durante su infancia y, al mismo tiempo, conocer una parte de la Amazonía que suele quedar fuera del relato habitual sobre el café peruano.
“Es un café que tiene historia. Tiene trazabilidad y tiene un comercio justo”, señala.
La propuesta, por eso, busca ir más allá de hablar únicamente de la puntuación de un café de especialidad. El objetivo es contar quién lo produjo, dónde nació y qué ocurre en ese territorio antes de que el grano llegue a Lima.
La llegada de Oventeni a la capital se realiza a través de Ukaw, donde el café podrá probarse en diferentes preparaciones. La carta contempla expresos y filtrados, además de la posibilidad de adquirir el café en grano o molido.
Una de las novedades es una experiencia que combina el café con chocolates elaborados artesanalmente. La idea es explorar cómo un mismo café puede cambiar según el método de extracción y cómo puede dialogar con otros productos de origen amazónico.
Para esta experiencia se utilizarán tres métodos: Chemex, V60 y Origami. El mismo café será preparado de las tres maneras y acompañado de bombones hechos a mano.
La propuesta tiene además un componente que sus creadores consideran esencial: unir dos productos que ya tienen una fuerte identidad dentro de la Amazonía peruana.
Gianina, vinculada también al mundo del chocolate a través de Ukaw, resume esa intención desde su propia experiencia: si el cacao amazónico ha conseguido reconocimiento y ha demostrado su calidad, el café de esta misma región también merece ocupar un espacio en esa conversación.
Así, Oventeni llega a Lima no solamente como una nueva etiqueta de café de especialidad. Llega con el propósito de hacer visible un territorio, recuperar una memoria familiar y acercar al consumidor al trabajo que existe detrás de cada grano.
Y quizás esa sea la parte más importante de la propuesta: que antes de preguntar qué notas tiene el café en la taza, el consumidor pueda saber de dónde viene.
Lugar: Ukaw
Dirección:
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