Elmer Huerta

La escena del 2 de enero pasado ante millones de televidentes y más de 65.000 espectadores en el estadio Paycor de Cincinnati fue escalofriante. Se jugaban los primeros 10 minutos del partido de la Liga de Fútbol Americano (NFL) entre los Bengals de Cincinnati y los Buffalo Bills, cuando Damar Hamlin, jugador de 24 años de los Bills, fue derribado por un rival con un certero y violento golpe de hombro en el pecho. Hamlin cayó, se levantó, dio dos pasos para atrás y volvió a caer como un árbol derribado.

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