La mujer vivía con una grave infección durante dos años. (Foto: pixabay)
La mujer vivía con una grave infección durante dos años. (Foto: pixabay)
Agencia EFE

Las infecciones bacterianas resistentes a todos los medicamentos suponen un problema gravísimo de salud pública. Ahora, un equipo científico ha descrito un tratamiento experimental con una combinación de bacteriófagos -un tipo de virus- y de antibióticos capaz de poner fin a una de estas infecciones.

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La paciente tratada fue una mujer de 30 años víctima del atentado de 2016 en el aeropuerto de Bruselas, con una infección por “Klebsiella pneumoniae” y relacionada con una fractura, para la que el tratamiento con antibióticos había fracasado durante casi dos años.

La combinación de bacteriófagos -un tipo de virus- y antibióticos fue lo que “mejoró notablemente” el estado de esta mujer, aseguran los investigadores responsables del estudio.

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Según los autores, este caso demuestra la promesa de los tratamientos con bacteriófagos para las infecciones bacterianas resistentes a los medicamentos. Su descripción se publica en la revista Nature Communications.

Las bacterias panresistentes -o “superbacterias”- son resistentes a todos los agentes antimicrobianos disponibles en el mercado y constituyen una amenaza creciente para la salud pública, ya que las opciones de tratamiento son limitadas.

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Fagos atacando la bacteria Streptococcus en una imagen coloreada de una micrografía electrónica de barrido. (SCIENCE PHOTO LIBRARY)
Fagos atacando la bacteria Streptococcus en una imagen coloreada de una micrografía electrónica de barrido. (SCIENCE PHOTO LIBRARY)

Un enfoque alternativo -terapia fágica- es el uso de bacteriófagos, un tipo de virus que infecta y mata a las bacterias. Llamados de manera abreviada “fagos”, estos fueron descubiertos hace algo más de un siglo.

Anaïs Eskenazi y su equipo del Hospital Erasme de Bruselas informan este martes de los resultados de un tratamiento de seis días con bacteriófagos para esta paciente de 30 años.

El 22 de marzo esta mujer sufrió un politraumatismo durante el atentado suicida. Tras una agresiva intervención multidisciplinar, que incluyó la reanimación, la imputación parcial del hueso ilíaco y la fijación externa de un fémur roto, la paciente fue estabilizada.

Sin embargo, relatan los autores del trabajo, el día 4 evolucionó hacia un shock séptico debido una infección en la herida quirúrgica en el muslo izquierdo, a pesar del tratamiento antibiótico.

El cultivo bacteriano de las biopsias quirúrgicas mostró una flora polimicrobiana, consistente en “Enterococcus faecium”, “Pseudomonas aeruginosa”, “Enterobacter cloacae” y “Klebsiella pneumoniae”. Este fue el punto de partida.

Los autores seleccionaron entonces y adaptaron un bacteriófago para la eliminación óptima de la bacteria, específico para la cepa de K. pneumoniae en la paciente.

Los Fagos son estudiados desde hace décadas. (Foto: Pixabay)
Los Fagos son estudiados desde hace décadas. (Foto: Pixabay)

Esta bacteria es una de las principales preocupaciones de la comunidad médica y científica debido a su capacidad, entre otros, de formar biopelículas -adheridas por ejemplo a la superficie de implantes- o evitar el sistema inmunitario.

Para combatirla, el equipo utilizó una combinación de este bacteriófago preadaptado -aplicado localmente en la herida- y antibióticos, una “terapia de rescate” que dio como resultado una mejora clínica, microbiológica y radiológica objetiva de las heridas y estado general de la paciente.

Tres meses después, el estado general de la mujer había mejorado, la herida estaba cicatrizando y no se encontró ninguna evidencia de infección bacteriana.

Tres años después del tratamiento combinado de fagos y antibióticos, la paciente había recuperado la movilidad, según los autores.

En la última década se ha producido un aumento de la investigación en terapia con fagos, incluido el uso de estos para tratar infecciones relacionadas con la ortopedia -ya se han publicado otros casos clínicos en revistas científicas-.

Sin embargo, pese a que este estudio de caso demuestra el potencial de la terapia con bacteriófagos, es probable que sea necesaria una compleja personalización del tratamiento, lo que dificulta su aplicación a grupos de pacientes más amplios, advierten los autores.

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