Maju: "Ahora mi mundo gira alrededor de mi familia"
Maju: "Ahora mi mundo gira alrededor de mi familia"
Redacción EC

JOANA CERVILLA

María Julia ‘Maju’ Mantilla es una detallista con prisa. Sin embargo, entre las múltiples obligaciones de la ex reina de belleza, empresaria, cotizada modelo y conductora de un exitoso programa del mediodía, la labor que más atesora y que más alegrías y recompensas le ha dado es la de ser madre de su pequeño de un año. Por ahora su otra ocupación es  elegir muebles, comprar adornos y planear mejoras para la nueva casa a la que se mudó hace unos meses con su familia: su esposo Gustavo y su retoño. Ahí espera pasar buena parte de su vida. «Me gusta tener mi casa bonita, lo último que he comprado es un centro para comedor en forma de hoja larga». Visitarla en su casa es asistir a un show de arquitectura y diseño: mientras ella espera que la maquillen para una sesión de fotos, el equipo de producción debe abrirse paso entre los obreros que modifican la fachada.

Días más tarde de la sesión de fotos, el muro detrás del bar de su jardín trasero va adquiriendo personalidad con una serie de fotografías clásicas en blanco y negro. Son los detalles los que han definido su historia de más de ocho años con el ingeniero Gustavo Salcedo. Un tatuaje que llevan ambos –un símbolo celta que significa amor eterno–, una carta, una rosa, una nota, todo lo que el hombre de su vida le ha regalado. Todo lo guarda celosamente Maju. Más que aquella corona que llevaba cuando se hizo famosa.

Conversamos con ella y descubrimos qué hay detrás de la chica de portada, la profesional del micrófono: una mujer sensible, sencilla por donde se la vea y protectora como una leona de lo que ama. Como tantas mujeres, además de ser madre, es esposa y profesional en su trabajo, tiene metas personales, se levanta temprano para atender a su hijo, ir al gimnasio, cumplir con sus compromisos laborales, cocinar a su familia y dedicarle ese tiempo, que a veces es tan difícil de conseguir.

Tu niño acaba de cumplir un año...
Sí. Hicimos una fiestecita familiar. Estuvieron mis padres, suegros, sobrinos y los amiguitos de mi hijo. Fue una reunión linda pero sencilla con algunos juegos, bocaditos, torta, dulces y sorpresitas. Lo disfrutamos mucho. Lo más importante fue ver a mi hijo feliz y lleno de amor.

Este año fue la primera vez que llevaste a Gustavito a la playa, ¿no es cierto?
La última semana de diciembre la pasamos en Zorritos (Tumbes). Me encanta esa playa, pues es tranquila y tiene el agua temperada. Al principio se asustó con el sonido de las olas reventando en la orilla, pero luego de varios días tomó confianza. Ahora disfruta mucho del agua y de jugar en la arena.

Cuéntanos cómo fue tu embarazo…
Mi primer mes fue un poco pesado, pues tuve náuseas y ciertas cosas me daban asco. Luego todo me pasó y solo me daban ganas de comer fruta fresca y ciertos dulces. En el último mes me vino mucha ansiedad por ver a mi bebé y comía el doble. Engordé 18 kilos.

¿Cómo hiciste para bajar esos kilos?
Usaba cremas para las estrías y aceites alrededor de mi barriguita y también en las piernas. Tuve la suerte de bajar 10 kilos a los 10 días de haber dado a luz. Luego, poco a poco, fui perdiendo peso. Recién cumplidos los seis meses de mi hijo, empecé a hacer deporte y así mejorar la tonicidad y firmeza de mi cuerpo.

¿Hay algo que dejaste de hacer cuando estabas embarazada?
Dejé de cargar cosas muy pesadas, de hacer ejercicio por largas horas como ir al gimnasio y de tomar gaseosas y tragos con alcohol.

¿Cómo te ha cambiado la maternidad?
Ahora mi mundo y mi tiempo gira alrededor de mi familia. Mis ojos están puestos en mi hijo. Por él y para él me organizo. Siempre hay tiempo para jugar con él, para acompañarlo a sus cursos de estimulación, a la piscina, para reírme de sus travesuras. Siempre la pasamos bien.

Todo el tiempo grabo a mi hijo, ¡pobre! –dice Maju y sonríe con picardía–. Pero, por ejemplo, no me gusta colgar muchas fotos suyas en Facebook porque solo comparto esos momentos en familia. Siento mucha responsabilidad y soy muy protectora. Él es mi prioridad. Es un trabajo muy sacrificado ser mamá, pero tiene muchas recompensas.

¿Le das de lactar a Gustavito?
La lactancia fue muy linda, pues la leche materna es la mejor medicina para el bebé: protege, sana, alimenta y calma. La lactancia materna es brindarle seguridad, amor y confianza a tu hijo. Le di 8 meses a Gustavito leche materna exclusiva.

¿Cómo ha cambiado la vida de pareja desde que Gustavo y tú son papás?
No te voy a mentir. La vida de pareja y la dinámica cambia. Gustavo es muy amoroso como padre. La primera palabra de mi hijo fue papá.
 
¿Y cómo haces para mantener la relación amorosa en la pareja cuando te conviertes en madre?
Hay que darse tiempo para todo, para tu esposo, para el bebe. Yo soy la mamá y he pasado las malas noches como embarazada, pero al final los dos somos los padres. Gustavo siempre me ha ayudado, nunca he tenido que pedirle que se levante en la madrugada. Él se levanta y lo carga, le cambia el pañal. Nos turnamos. Me suelen dar migrañas de vez en cuando que me tumban en la cama, y él se encarga del bebe cuando sucede eso. Y el tiempo para nosotros lo hemos encontrado. Nos hemos ido de viaje solo los dos. Pensamos mucho en la familia y en la pareja. Y, menos mal, nuestros papás nos ayudan mucho a cuidar a nuestro hijo, mientras nos damos tiempo para salir a reuniones y a bailar.

Te encanta bailar, ¿no? Recuerdo que en tu matrimonio no paraste.
Me encanta. ¡Gustavo lo sabe, ah! Y él también baila pero tiene que relajarse primero, tomarse un traguito y ya. Yo voy de frente y no paro hasta que me boten, dice Maju y se ríe. En mi matrimonio llegamos a las diez de la noche a la fiesta y no dejé de bailar hasta las cinco de la mañana cuando se fue el DJ.

¿Los dos son muy románticos?
Sí, y muy detallistas. Él siempre, a pesar de la distancia [Gustavo se fue a estudiar a Londres por más de tres años], no ha descuidado los detalles conmigo. Yo también, soy de escribirle poemas aunque nunca los muestro en público. Solo le he escrito poemas a mis padres, a mi hermana y a Gustavo. Se los mandaba en cartas. Y él, cuando cumplíamos alguna fecha especial, me mandaba flores. Nunca ha perdido esa costumbre.

¿Qué actividades les gusta hacer juntos?
Nos encanta hacer deporte. Somos diferentes, él es más extrovertido y yo soy bien introvertida. Además, nos divertimos mucho juntos. Recuerdo una vez en un bus en Londres en Año Nuevo se puso a bailar, a animar al resto de los pasajeros y todos terminaron haciendo lingo en el segundo piso del bus, fue muy divertido.

¿Y a Gustavo y a ti les provoca tener otro hijo? Has dicho que quieres tener al segundo en 2016...
Sí, pero no ahorita. Estamos gozando a Gustavito y queremos tomarlo con calma.

Cuéntanos de tus aficiones, ¿es cierto que te dedicaste al atletismo?
Es verdad. Imagínate que el otro día soñé que estaba en una Olimpiada. Quería ser campeona sudamericana, panamericana, no sé. Siempre soñé y sueño con eso. Es como la ilusión de una niña ¿no?

Pero tenías talento, ganaste campeonatos y tuviste que dejarlo por una lesión.
Sí, hace poco me comuniqué con un entrenador de la Videna y le escribí un mensaje diciéndole que me había ‘picado el bichito’ de regresar a entrenar en las pistas de atletismo y que tenía un poco de temor por la lesión de la rodilla. Pero me ha dicho que vaya y que va a ser mi entrenador con mucho gusto, que vamos a fortalecer mi rodilla.

¿Cómo te lesionaste?
Fue por necia. Por no hacerle caso a mi entrenador. Había una competencia cuando estudiaba en la Universidad Nacional de Trujillo y se me ocurrió apoyar a mis compañeras en un partido de básquet. Mi entrenador me dijo que no jugara porque no era mi deporte, que mi cuerpo estaba entrenado para atletismo y bueno, me lesioné y terminé con dos operaciones delicadas en la rodilla.

¿Qué estudiaste?
Entré para estudiar traducción. Hice un año de Estudios Generales y luego pasé a Educación. Tenía 18 años. Ese año fui Miss Trujillo. Coincidió con la lesión y tener que dejar el atletismo. Entonces dejé la universidad, no pude hacer más atletismo y me vine a Lima para cumplir con mis compromisos de miss. Pero haberme lesionado por no hacerle caso a mi entrenador me frustró mucho; porque estaba justo a una semana de una competencia a nivel nacional y tenía una buena marca en salto largo. Eso destruyó aquel sueño que tenía. Pero ahora me ha provocado regresar. Y fíjate cómo son las cosas. Estaba tan emocionada que escribí un mensaje en la página de Nike de Facebook preguntando dónde vendían zapatos de clavo y me escribió a mi correo una de las gerentas de Nike y me dijo que no vendían acá y solo los traían para los deportistas. Me pidió mi talla y me las mandó a mi casa. Entonces, como que todo está puesto para empezar nuevamente.

A pesar de que eras conocida por ser Miss Mundo, eres una persona privada, ¿te costó mucho tomar la decisión de entrar a la televisión?
Al comienzo no quería, porque sentía que mi vida iba a estar muy expuesta. Pero depende de uno. Yo termino el programa y soy la misma. Gustavo y yo somos tranquilos. No soy de exponer mis cosas a pesar de que he presentado a mi hijo en una revista y en el programa. Solo algunas cositas que son especiales para mí como mi matrimonio y el nacimiento de mi hijo, y que conversamos Gustavo y yo mucho antes de tomar la decisión de mostrarlas. Hay cosas que me guardo para mí y no quiero exponerlas todo el tiempo. El tema de la familia es muy delicado y quiero conservarlo y darle su espacio. La persona pública soy yo, no mi hijo ni mi esposo.

Además eres imagen de muchas marcas publicitarias...
Sí, ahora estoy trabajando con algunas que me gustan mucho  y me encantaría seguir haciéndolo. Pero el tiempo con mi esposo y mi hijo no lo cambio por nada, ni por el trabajo mejor pagado. Eso lo tengo claro.

¿Cómo organizas tu día?
Me levanto un cuarto para las 7 de la mañana para hacerle el desayuno a mi hijo. Lo despierto, lo cambio, lo hago desayunar hasta que llega la nana y aprovecho para ir a hacer ejercicios al gimnasio o a la oficina cuando tengo que coordinar algo. Los martes voy a unas clases de locución y de improvisación de América Televisión. A veces hago otras cosas, voy al programa al mediodía y regreso a almorzar a mi casa con mi hijo. Las tardes se las dedico a él. A veces tengo eventos de las marcas que represento, pero básicamente las tardes son para mi hijo. Gustavo tiene horario de oficina y llega a las 7 de la noche, la nana se va a las 8 de la noche y mi hijito se acuesta a las 9 de la noche. A las 11 le doy su última leche. Si se queda alguien a cuidarlo, Gustavo y yo aprovechamos para salir a comer o ir a alguna reunión.

Y desde que eres mamá, ¿qué cosas llevas en tu bolso?
En mi cartera siempre llevo pañitos húmedos y un juguetito, aparte de mis cosas. Además llevo un bolso especial para él con sus pañales, agua, ropa para cambio, pañitos, una manta, Panadol, termómetro y un peine.

Volviendo a ti, ¿te ha sido difícil quitarte el estigma de que ser bonita es ser tonta?
Puede ser que la gente lo piense. Ha habido comentarios, pero me da pena porque son prejuicios. Es fácil decir esas cosas cuando no conoces a la persona. No les tomo importancia porque nunca me he creído reina de nada. Fue un momento bonito de mi vida y gracias a Miss Mundo se me abrieron muchas puertas. Le enseñaré las fotos a mi hijo y a mis nietos y ya. Eso ya pasó y no determina que seas mejor persona. Es más, el cuatro de diciembre del 2013 fue el aniversario del concurso y lo retwitearon como «Un día como hoy Maju Mantilla fue elegida Miss Mundo» y yo ni me acordaba.

¿Te da miedo la vejez?
No, para nada. Me encanta. Cada etapa tiene algo lindo y me ilusiona la idea de ver a mis nietos. Mira, mi representante tiene 87 años, se llama Jorge Fernández, trabajo con él desde el 2007. Te juro que es mi inspiración. No usa bastón, tiene una energía envidiable, come muy bien, maneja a un montón de gente y usa la tecnología como cualquier chico.

¿Qué opinas de la cirugía plástica?
Creo que cualquier cosa que te haga sentir mejor, que venga. Yo me he operado la nariz y el busto y siempre lo he dicho. Pero también hay gente que me cuenta que se va a hacer algún retoque y te juro que muchas veces no lo necesitan. La cirugía está bien si te ayuda, pero cuando te obsesionas con eso está mal como muchas veces pasa.

¿Cuál crees que es tu mayor defecto?
Ay, que soy muy impaciente. Lo bueno es que eso me hace ser puntual. Pero si alguien no llega a la hora me pongo nerviosa y tensa. Es malo porque me hace apurada e impulsiva. Y también cuando se me ocurre comprarme algo quiero comprarlo ya, no puedo esperar. Pero con mi hijito he aprendido a tener toda la paciencia del mundo.

¿Y cuál es tu mayor virtud?
Busco tener tiempo para los demás, para mi hijo, mi esposo. Soy muy protectora de mi familia.

Con toda tu agenda de actividades, ¿qué tiempo le reservas a la familia?
El domingo es sagrado. El tiempo para mi familia no lo toco. Aunque me llamen a un evento y me ofrezcan una maravilla, ese espacio no se lo doy a nadie más. Mi familia está en la punta de mi pirámide. Ahora que mi hijo está formando su carácter, se le ha dado por abrir todos los cajones de la casa y saca todo. Me da una risa. Tiene carácter fuerte, es muy risueño, pero le dices que no y se molesta. Esas cositas nos encantan y no me las quiero perder por nada.

¿Y en casa tienes ese buen carácter y buena onda que transmites en la tele?
Tengo carácter fuerte, aunque no parezca. Sí me molesto y fuerte. Pero soy de las que se les pasa al toque. Cuando me molesto con Gustavo, como él ya sabe cómo soy, no me hace caso y deja que se me pase –dice entre risas–.

Pero también eres bien sensible, ¿no?
Soy muy sensible. Me afectan mucho las cosas. Soy llorona. Veo una noticia fea y me pongo a llorar. Y como me da vergüenza me tengo que voltear para que Gustavo no me vea –revela mientras se ríe–. Nos complementamos porque él a pesar de que es muy sensible es más fuerte y me da esa fuerza que necesito cuando me caigo. ¿Imagínate si fuéramos llorones los dos? ¡La casa sería una laguna!

Y Maju, ¿qué es lo que viene para ti?
Retomar el programa con fuerza. Hay nuevas secciones muy divertidas. A nivel personal quiero tomármelo con calma y disfrutar de mi familia al máximo, y claro ¡seguir poniendo linda mi casa y engreír a Gustavito!