Redacción EC

LILIA CÓRDOVA TÁBORI

Antes de morir Augusto Ferrando pidió que su partida no se convierta en un circo. No quería que personas inescrupulosas se aprovecharan del dolor de su público, tal como ocurrió en los entierros de su madre y su esposa, donde algunas personas cobraban por una ubicación en el cementerio.

Desde 1996 el popular animador había estado luchando contra el cáncer. Sus últimos días los pasó en Guatemala con parte de su familia. A sus 80 años recién cumplidos y con los dolores en aumento, Ferrando decidió regresar a Lima.

Eran las 11:00 pm del 1 de febrero de 1999 cuando Augusto Ferrando falleció rodeado de sus hijos, quienes trataron de cumplir la última voluntad de su padre. Pero al darse el flash informativo de su muerte, una fervorosa multitud pugnó por hacerse presente tanto en el velorio como en el entierro.

Aquella mañana del 3 de febrero, el féretro fue trasladado al mismo set donde alegró a familias enteras con su “Trampolín a la Fama”. A partir de ese momento, su despedida se convirtió en un reality show. Cientos de personas, entre seguidores y personajes del espectáculo y la política, desfilaron ante su ataúd.

Una humilde mujer, María Lucanas Navarro, se desmayó al ver el féretro de su querido negrito. "Yo gozaba con él. Yo me reía mucho. Cuando tenía plata tomaba mi micro y llegaba como a las diez de la mañana para hacer mi cola. Cuando no tenía para el pasaje salía de mi casa, que queda en San Martín de Porres, y caminaba. Cerraba mi puerta a las cuatro de la mañana y llegaba a la avenida Arequipa a eso de las once", contó esta mujer que guardaba como un tesoro el minicomponente regalado por su negrito.

El cortejo fúnebre se trasladó a la iglesia Virgen de Fátima donde unidades móviles, cables enredados, periodistas, curiosos y vendedores ambulantes tomaron por asalto veredas y pistas.

El respeto por el dolor de familiares y amigos quedaba en el olvido cada vez que llegaba una figura de la televisión. "Señorita Laura" gritaban algunos; mientras que otros especulaban si llegaría Gisela Valcárcel o Magaly Medina.

3/2/1999 Un mar de gente le dio el último adiós al popular animador. (Archivo El Comercio)

Pero el clímax de este espectáculo ocurrió cuando el cortejo fúnebre entró al cementerio El Ángel. Una multitud avanzaba lentamente entre los pabellones. Su público gritaba: "¡Ferrando, amigo, el pueblo está contigo!" Tenían pancartas y vinchas con la frase: "el amigo de los pobres".

Incluso habían invadido los techos de los pabellones aledaños a su tumba. Un frágil cordón policial trataba de contener la fuerza de sus seguidores que a toda costa querían presenciar su entierro. Aunque la ceremonia había terminado, muchas personas continuaron desfilando ante su tumba.

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