Cuando la computadora Deep Blue venció al ajedrecista campeón del mundo Gari Kaspárov en una partida allá por 1996, la gente no dejó de jugar al ajedrez, sino lo contrario: muchos empezaron a aprender sobre este deporte para intentar vencer a la máquina. Del mismo modo, la inteligencia artificial (IA) llegó a nuestras vidas no tanto para corrernos a un lado, sino más bien para desafiarnos a ser mejores.