En el bicentenario de las gestas de Junín y Ayacucho es inevitable preguntarse cuán comprendido, aceptado y compartido fue en ese entonces el conjunto de ideas y sentimientos que dio impulso a nuestra emancipación. Hay quienes dicen que el ideario independentista fue apenas asunto de minorías ilustradas. Lo dudo, pero pudiese haber sido así. Lo cierto es que inspiró la urdimbre de ideas, afectos y valores que se fue tejiendo durante los dos siglos de la República.