Por Carlos Batalla

Lo más paradójico de este caso fue que la “crisis de los abigeos” se dio centralmente en el departamento de Junín, en el centro del país, la región de la que provenía el dictador Manuel A. Odría, presidente del Perú en esos años (1948-1956). El ‘ochenio’ se vendía como un régimen de orden, progreso y trabajo (“Hechos y no palabras”, decían). No solo Tarma, ciudad natal de Odría, también Jauja y el propio Huancayo y alrededores, todo el Valle del Mantaro sufría las consecuencias de los delincuentes abigeos que parecían incontrolables. Los ladrones de ganado, sin quererlo ni pensarlo, se convirtieron en los peores “enemigos políticos” de la dictadura odriísta.

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