Por Carlos Batalla

La breve historia pública de Heriberto Vílchez, un cocinero huancaíno, empezó en realidad durante el invierno europeo de 1974 (verano en el Perú), cuando dirigió una delegación de cocineros nacionales en Zúrich, Suiza. Allí, los peruanos demostraron la calidad y el sabor de los principales platos, y las combinaciones y sazones de la comida criolla nacional. Los medios de prensa calificaron esa incursión en el Viejo Continente como un “triunfo” de la “comida típica peruana”. Pero la consagración de Vílchez fue en 1976 al recibir el espaldarazo de sus colegas europeos, quienes terminaron hasta pidiéndole las recetas de los potajes peruanos.

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