Por Carlos Batalla

El 22 de abril de 1965, el Callao hervía de delincuentes chaveteros. Ya tenían esa fama desde décadas atrás: asaltaban a sus víctimas y no solo se contentaban con dejarles sin dinero y sin nada de valor sino que también se regodeaban dejándoles en el cuerpo diversos cortes. Pero el estibador Filemón Garrido Jiménez no se las hizo fácil y eso le costó brutalmente la vida.

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