Por Carlos Batalla

A veces olvidamos que el Perú de inicios de la década de 1990 fue uno de los más violentos de su historia; olvidamos la violencia estructural de un país que ya desde entonces parecía destinado a sobrevivir entre el silencio, la corrupción y el prejuicio. Todos estos ingredientes sazonaron una historia criminal que la prensa amarilla pobló de visiones extremas, pero que la prensa seria contó o trató de contar con algo más de equilibrio. El asesinato a sangre fría de Fernando de Romaña Azalde y Julio César Domínguez Barsallo en Cieneguilla, marcó el ritmo de esa década, tanto como el homicidio, solo dos días después, de la dirigente vecinal María Elena Moyano en Villa El Salvador, a manos de Sendero Luminoso.

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