Por Carlos Batalla

En una curva solitaria, entre el distrito limeño de La Molina y la hacienda Cieneguilla, Jorge McLean y Estenós no supo que estaba viviendo los últimos minutos de su vida esa noche del 15 de julio de 1951. Acababa de ser nombrado embajador del Perú en Ecuador, pero no pudo ocupar el cargo porque una mano asesina se regodeó con él. McLean fue golpeado, primero, con una piedra, en un gesto que hoy se puede considerar de odio o desprecio hacia la víctima. Sus documentos y hasta el dinero que llevaba en el saco estaban allí, completos.

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