Por Carlos Batalla

Era el diablo en persona. Nelson Cherro Velásquez era su nombre y las comisarías de Magdalena del Mar y del Cercado de Lima le temían porque era capaz de los peores actos de violencia, como balear a un grupo de personas a la salida de un bautizo y herir a niños y adultos, o golpear con tal fiereza al punto de arrancarle la vida a cualquiera. Cherro era un ser volcánico, nacido para romper todas las reglas, y quizás por ello no duró demasiado en el mundo del cachascán, un espectáculo de lucha donde nadie aguantaba sus arrebatos de excesiva brutalidad, allá por los años 50.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: