Por Carlos Batalla

Las noticias del lunes 23 de enero de 1967 eran para estremecer a cualquier lector. Desde las que llegaban de Hong Kong, con las feroces luchas entre los bandos de la China comunista que pugnaban por llegar al poder y sacar de él a Mao Tse-Tung (hoy más conocido como Mao Zedong), quien actuaba a sangre y fuego contra los “traidores a la revolución”; hasta las que provenían de Helsinki, en Finlandia, que daban cuenta de un hombre que había permanecido 170 horas en un ataúd a dos metros bajo tierra…Y aún vivía. Era un mundo de violencia y locura, pero también de sorpresas espaciales, como la jornada que se vivió el día anterior, el domingo 22 de enero de 1967, en Cañete, al sur de Lima, y luego en Aco, en la provincia de Concepción, a pocos kilómetros de Huancayo (Junín).

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