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Un auténtico encuentro con momias en Nasca

Solemos pensar que lo único que se puede hacer en Nasca es sobrevolar las líneas conservadas por María Reiche. Pero eso no es cierto. Este destino cuenta con otros atractivos igual de fascinantes, como el cementerio de Chauchilla, el único lugar en el mundo donde las momias se pueden ver en sus tumbas originales.

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Los cuerpos serían de pobladores de la cultura Ica – Chincha, que fueron enterrados mirando al este. Con los tendones cortados para doblar fácilmente las extremidades y que ocupen menos espacio. Envueltos en fardos de algodón, sin vísceras y bañados en ají o tara para retardar su descomposición.

Son 13 tumbas y una veintena de momias con pelo largo. Pero tan largo, que cubren misteriosamente a cada personaje. Lo que más llamó nuestra atención fue que tenían rastas y que la tonalidad de los huesos era blanquísima. Esto último, producto del tiempo.

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El cementerio de Chauchilla está a unos 28 kilómetros de la ciudad de Nasca pero vale la pena el viaje. Un taxi desde el Centro cobra unos S/45 por persona, para ir y volver después de un par de horas de visita. El ingreso cuesta S/8 y se puede ir entre las 8 a.m. y las 5 p.m.

CON S/10 EN LA CIUDAD

Percy Pizarro es un guía nasqueño, ingeniero, abogado y discípulo de María Reiche. Él acompañó al grupo viajero en este recorrido poco convencional por Nasca, donde no hubo sobrevuelo pero sí líneas, pequeños centros incas y acueductos.

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Pizarro recuerda que a los 10 años vio por primera vez a Maria Reiche, quien llegaba frecuentemente a una chichería ubicada junto al mercado, donde su madre tenía un puesto. Reiche le invitó chicha, mientras le explicó que esa era la bebida de los incas.

Él compartió esta anécdota mientras recorríamos los Paredones, un centro administrativo inca construido 500 años después del cristianismo, que luce piedras de las canteras de Nasca perfectamente talladas.

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Se cree que fue usado como tambo durante las rutas del inca. Además de la casa del Curaca, había un acllawasi, una zona para guardar las cosechas, un área para la crianza de cuyes y tres plazoletas donde se practicaba el trueque: “De aquí se llevaban algodón, pallares, frutos y a cambio, dejaban lana de alpaca, quinua y otros productos del ande”, sostuvo Pizarro.

LÍNEAS SIN AVIONETAS

Ya en la adultez, Reiche le sugirió a nuestro guía que cada vez que confiera a alguien que creyera en la teoría de que las líneas de Nasca habían sido creadas por extraterrestres, lo llevara a dar una vuelta al telar: “Para demostrar que no se necesitan avionetas ni nada extraordinario para verlas”.

Subimos a una colina aledaña, en una caminata de un par de minutos que no requiere el más mínimo esfuerzo. Ante nuestros ojos se dibujaban el famoso telar y el ovillo, figuras que simbolizan la producción textil de los Nasca.

Para visitar ambos lugares debes adquirir un boleto que cuesta S/10 y te permite acceder a cuatro atractivos muy cercanos al Centro de Nasca:  Paredones, El Telar, Las Agujas y los acueductos de Cantalloc.

EL MIRADOR MARÍA REICHE

Sumándole unos S/9 a la aventura se puede llegar al mirador metálico que lleva el nombre de la mujer que estudió las líneas de Nasca. Está ubicado en el Km. 424 de la Panamericana Sur y los buses cobran S/3 desde la ciudad.

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En este punto se observan tres líneas: el sapo, el huarango y la lagartija, que está dividida por la carretera. Las mejores horas para ir: las seis de la mañana y las cinco de la tarde. La mayor afluencia es entre las 11:30 a.m. y las 4 p.m. El ingreso cuesta solo S/3.

A unos pocos metros está el mirador natural, una pequeña elevación desde donde vimos trapecios dibujados en la tierra y es de ingreso es libre.

ADRENALINA EN LA ARENA

Pero en Nasca todavía quedaba mucho por descubrir así que contactamos a César León, presidente de la Asociación de Tubulares y Areneros Nasqueños, un aventurero que lleva 13 años desafiando las dunas de estas tierras sureñas, y nos aventuramos en el desierto.

A bordo de un arenero, tomamos una trocha y tras varios saltos, llegamos al centro ceremonial Cahuachi, un impresionante complejo de 36 pirámides truncas que es considerado como el templo ceremonial de barro más grande del mundo.

CAHUACHI

¿Sorprendido? Nosotros muchísimo. Poco antes hicimos una parada en el acueducto de Ocongalla y después en el cementerio Tambo de Perro, donde restos óseos extraídos por huaqueros quedaron expuestos y se han convertido en un atractivo más de la ruta.

Una suave y breve bajada dio inicio a la segunda parte del circuito, en la que recorrimos imponentes dunas a toda velocidad, se desataron gritos a rabiar y potentes descargas de adrenalina.

A lo lejos vimos una montaña de arena, que parecía tener una inclinación de 90 grados. Subimos a lo más alto y caímos a toda velocidad. El viento golpeaba nuestros rostros con furia, el cuerpo parecía salirse del tubular por la gravedad y la voz se iba perdiendo conforme avanzábamos. Pero lo mejor llegó después, cuando bajamos la duna a toda velocidad… pero de espaldas.

Esta aventura en Nasca cuesta S/60 por pasajero. Para poner a prueba tus miedos y cerrar la tarde lanzándote en una tabla de sandboard, comunícate con César León, a través de su Fanpage o al teléfono: 956 322-252.

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Si a todo esto le quieres agregar un sobrevuelo, revisa el post anterior donde te digo cómo hacerlo. Pero recuerda que este destino te puede llevar tras los pasos de una civilización que habitó pirámides, aprovechó el agua subterránea por medio de acueductos y momificó cuerpos que hoy cuentan su propia historia.

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