Conversaciones con el tío Sam

Foto: Chilene
-No, no sé quién es el actual Rey de Cuba.
-¿Segura?
-Sí, en serio. No leo mucho.
-¿O sea que no sabías que Fidel Castro es el Rey de Cuba?
-No, pero gracias por decirme.
Era el 2003, cuando Cuba todavía tenía a Fidel de presidente (algún lector suspicaz podría decir que “Rey” también es un término apropiado para referirse a él). Mi contraparte en la conversación era una gringuita de lo más simpática -y guapa también, aunque con unos kilitos de más-, pero evidentemente no muy leída. Y no, no fui yo el que le tomaba el pelo -sería incapaz de hacer pasar a alguien un ridículo tan grande- sino un amigo que me había comentado de otras preguntas legendarias (“¿Munich es en Inglaterra?”).
-Puno me encantó, pero la verdad hacía mucho frío.
-¿Conoces Puno?
-Sí, he ido varias veces al Perú y me he paseado por Puno, Ayacucho, Huaraz, Lima, Cusco e Iquitos. Me fascina la gente y la comida.
-Te gusta viajar, ¿no?
-Me encanta.
Muerto de vergüenza, pensé que ella conocía mi propio país más que yo. Para añadir sal a la herida, la conversación fue en castellano (su lengua materna es el inglés). Y bueno, qué puedo discutir de geografía con una persona que recientemente se paseó dos meses por parajes a 8.000 kilómetros y que ha visitado, tal vez, el doble de países que yo (y para ponerlo ligeramente, digamos que yo he tenido la suerte de recorrer las autopistas del exceso en lugares tan remotos como Beijing y Tokyo, y en algunos otros más cercanos al corazón como Río, Buenos Aires y Guanajuato).
-No estoy de acuerdo para nada.
-Pero es que es un tirano y una amenaza para nuestro país.
-¿Y que te parece si China invade a tu país?
-No es lo mismo
-Discúlpame, pero no estoy de acuerdo con la política exterior de EE.UU.: Ningún país tiene derecho a invadir a otro con la excusa de una guerra preventiva.
-Si no estás de acuerdo con nuestra política, ¿por qué no te vas?
-Es que tus compatriotas son tan burros que no hay nadie acá que pueda hacer lo que yo
(La primera afirmación es, cuando menos, altamente debatible y la segunda es simplemente falsa: Por un lado, no tengo ningún dato estadístico que muestre un bajo C.I. de la población de EE.UU. Y por otro, muy a mi pesar, sería bastante presumido de mi parte suponer que no hay ciudadanos de EE.UU. calificados para hacer lo que yo hago acá).
Esta fue a las 3 a.m. en algún exponente de lo mejor de la comida gringa (un Denny’s), cuando todavía se creía que había armas de destrucción masiva en Iraq. Como tal vez se imaginen –acertadamente-, hubo cantidades absurdas de alcohol involucradas antes de esta charla amistosa. Después me enteré de que mi compañero de tertulia era hijo de un juez republicano (partido de derecha y que, en general, ha apoyado la guerra más que el partido demócrata, que tira hacia la izquierda). Me alegra que aunque estuvimos cerca, nunca llegamos a las manos (mi interlocutor me llevaba una cabeza y unos 30 kilos, pero ojo, yo no soy chato, lo que pasa es que él es alto). Aprendí de primera mano la sabiduría de la frase que dice que de política, religión o fútbol no se debe conversar cuando uno está en los brazos de Baco.
-La influencia de Chávez en la región es bastante notoria, ¿no?
-Sin duda.
-Veo que tiene enamorados a Correa, Morales y Kirchner. La cantidad ridícula de plata que gasta en subsidios a esos países debe ayudar un poquito.
-Tienes toda la razón.
-Uribe es moderado, pero asusta que haya modificado la Constitución para poder reelegirse. ¿No fue eso lo que pasó en tu país?
-Así es.
-Y cambiando de tema, ¿por qué crees que Shinzo Abe –ex primer ministro japonés- renunció tan rápido?
-“Esa te la debo”, pensé (¿¿¿dónde carajo esta Wikipedia cuando se le necesita???)
Mi amigo es profesor de secundaria, habla 3 idiomas (está aprendiendo el cuarto) y su último viaje (de dos meses) lo tuvo congelándose los huesos en San Petersburgo (brillante el lector que acertó con el cuarto idioma: ruso). Puede hablar de política de prácticamente cualquier lugar del planeta (mi espectro es bastante limitado, o sea que eso tal vez no sea un logro muy notable, pero lo que quiero decir es que sí que sabe en que anda nuestro golpeado y calentado mapamundi).
Los personajes de las historias comparten algunas semejanzas: los cuatro son estadounidenses (que americanos somos todos los del continente), nacidos y criados en la tierra del Tío Sam; los cuatro viven en la misma ciudad de los Estados Unidos. Y solo uno es lo que podríamos llamar “de billete”.
Esta serie de conversaciones, sin ningún valor estadístico, me hace pensar que no fueron sino generalizaciones sin valor las que hice cuando, llegando a este país a estudiar, una empleada de la oficina de alumnos internacionales (nada menos) me preguntó -sin el menor dejo de ironía, sin nada de vergüenza, tampoco, con el más grande desparpajo- si el Perú quedaba en

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