Conflicto existencial

Foto: Jamie Beverly
Cuando era pequeña el mundo fuera del Perú estaba constituido por muchos países, con lugares fascinantes, con costumbres y comidas que, solo llevada por la curiosidad, algún dinero ahorrado y espíritu de aventura, conocería como parte de un sano aprendizaje. Lo cierto es que jamás imaginé en la remota posibilidad de irme a vivir a otro país. Y menos a Estados Unidos.
Creo ser, sin temor a caer en un absurdo, que soy de aquellos pocos que sienten que no la hizo tan mal en el Perú. Tenía un trabajo como maestra en el Estado y, gracias a Dios, por mi desempeño me requerían de otras instituciones por recomendación de algún conocido. Con esfuerzo estudié una maestría y lo que sería la inicial de mi tesis terminó como enganche del que sería mi pedazo de patria: mi departamento, nada ostentoso, ubicado en el Callao.
Mi vida la resumo en logros académicos, con el reconocimiento que un país como el mío nos puede otorgar. Económicamente me podía dar mis gustos, incluyendo gimnasios, cines, comidas, baile. No me podía quejar, ahorraba alguito ya que también soy mesurada en mis gastos sin caer en la tacañería. El hecho es que en esa vida apacible y tranquila no había amor, un buen, sano y lindo amor; pero llegó y llegó con visa americana incluida. Me enamoré de alguien que conozco de toda la vida, un amigo de mi hermano que vivió frente a mi casa durante años hasta que se fue a Estados Unidos. Jamás creí posible que nos enamoraríamos, pero pasó.Él visitaba el Perú periódicamente. Nos casamos y viajamos a varios lugares dentro del país hasta que la visa llegó. Es dura la decisión de dejar un trabajo para el que te preparaste deseándolo y disfrutaste cada instante de su desarrollo a lo largo de más de 10 años, dejar a unos padres amorosos, los amigos hechos, la rutina del día a día, los beneficios que obtenía, en fin… No me considero una persona ambiciosa, hablando en estrictos términos monetarios, pero sí de progreso y este debe ser buscado por cada uno, quien debe ver, a su vez, que sea una contribución al país, para su mejora y crecimiento. Decidí viajar en medio de dudas y situaciones difíciles, y por cuestiones estrictamente personales volví.
Luego planeamos otro viaje y tomé el avión tres meses después. Ahora, por ahí en otra entrada leí cosas muy ciertas respecto a los inmigrantes: las discriminaciones que se sufre, la necesidad del idioma y la legalidad si quieres una profesión, y si la tienes, la frustración que se siente ya que tu título, maestrías y reconocimiento fueron en tu país tercermundista y aquí no valen nada. Debes empezar de nuevo, revalidar, pero es igual. Tienes que invertir dinero que no tienes, así como tiempo que tampoco tienes por buscar ese dinero.
Habría que agregar algo más: Si eres profesional debes tener una enorme capacidad de adaptación y espíritu mundano para aceptar un trabajo como en el que te desempeñaste cuando empezaste a formar parte de la población económicamente activa. Mientras esperas los frutos de tus años de estudio y dedicación: trabajar en lo que sea es la única salida. Y algo más: el trabajar en lo que sea podrá cubrir, por largo tiempo, los gastos inmediatos como comida, ropa, casa, bus (ahorras lo que te llega a sobrar hasta que te puedas comprar un carrito y de ahí tienes que gastar en gasolina).
Tengo mi esposo y estamos en plena recesión. Es algo temporal, dicen, pero problemático de momento. Lo cierto es que estudiar se ha convertido en un lujo y “trabajar en lo que sea” es difícil de asumir. También es cierto que en nuestra sociedad hay dos ideas que imperan y con las que entro en conflicto: Dado que me he casado, es mi deber dejar todo e ir donde mi esposo se encuentra y, por otro lado, que entre “gringolandia” y el Perú ni se pregunta ni se duda.
Pero ambas cosas me llegan, en el sentido estricto en que si no es ella es él: total se aman y uno debe ceder por razones o emociones. Y respecto a lo otro, yo no soy una “renegada” del Perú, no soy de las que lo aman de lejos. Yo he estudiado y trabajado muy duro en mi país, he contribuido día a día desde mi lugarcito, porque de montoncito en montoncito con el tiempo podremos hacer grandes cambios, y en eso los maestros tenemos un gran compromiso.
Sin embargo, y aunque me llegue lo antes expuesto desde toda reflexión y meditación meramente neuronal y nada emocional, la duda persiste aún cuando estoy con un pie en el avión que me llevará de vuelta al Perú, a mi rutina, a mi día a día, con la gente malintencionada del trabajo, con las combis asesinas, con el ningún respeto al peatón, con la corrupción y muertes noticiosas que alguna vez te puede hacer creer que estarías mejor en otro lugar. Aún la duda persiste porque el sentimiento es grande, el amor es grande y no sé qué hacer.
A mí me sacó del país el amor y sin duda confío en que será el amor el que me haga regresar o quedarme… porque las razones de la cabeza están resueltas y solo faltan las del corazón.
Dally Arrese, California, Estados Unidos
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