Tailandia, caminando por el sudeste asiático
Un peruano que ha dedicado gran parte de su vida a recorrer el mundo nos cuenta cómo es la vida en Tailandia, país en el que se ha afincado junto con su esposa

Empecé a viajar por Sudamérica a los 18 años. Recuerdo, aquella primera vez, enfrentando mis miedos a salir del país, solo, con poca plata pero con muchas ganas de conocer y aprender de otros pueblos, de otra gente y de sus formas de entender la vida. Llegué a conocer, aquella primera vez, el norte de Chile y parte de Argentina, incluyendo Buenos Aires, donde encontré a muchos peruanos viviendo en condiciones muy precarias pero empecinados en creer que en allá tenían más oportunidades que en su propio país. Desde ese momento, hace 20 años, no he dejado de viajar por el Perú y por el resto de Latinoamérica, algo del Caribe y hoy por en el sudeste de Asia. Mientras amigos de la universidad pensaban en huevear de lo rico en las vacaciones, yo ya estaba planeando mi viaje, con lo poco ahorrado, a alguna parte del Perú o de Brasil o a Colombia o a Ecuador. Y es que descubrí en los viajes la libertad del poder decidir sobre mí en el día a día, de abrir mi mente a otras culturas y no quedarme solo con los estereotipos que se creen ya definidos.He tenido momentos maravillosos bailando salsa en Calí pachanguero, haciendo el Camino Inca, navegando por el Amazonas, viendo un partido del Boca en la Bombonera, participando del entrenamiento de una escuela de samba en Río, buceando en el Caribe, disfrutando de las islas en Tailandia o enamorándome de mi esposa en un bus por la selva boliviana. Me quedo corto con los buenos momentos vividos y lo aprendido en tantos viajes.
Pero no siempre la pasé bien. Me he quedado misio en Asunción y he tenido que pedir ayuda, he trabajado en Sao Paulo en las ferias semanales de Plaza República, he vendido chucherías en las playas del noreste de Brasil (maravillosas), me ha desnudado la policia de Mendoza, Argentina, buscando la droga que solo estaba en su podrida cabeza, me he perdido en Bogotá y sus calles demasiado ordenadas para mí, he amanecido en diferentes terminales y aeropuertos cuando la plata no alcanzaba para un hotelito… en fin, si pusiera en una balanza las buenas experiencias tumbarían a las ingratas, que ahora son solo buenas anécdotas.
Hoy estoy viviendo en Bangkok, Tailandia, he recorrido ya el sur y sus maravillosa islas y playas, y en abril estoy planeando ir hacia Chiang Mai, en el norte, para luego pasar a Camboya, Vietnam y Laos. Tengo el apoyo de mi esposa, una bella inglesa a la que conocí en un viaje al carnaval de Río, quien tiene un buen trabajo en Bangkok. Yo dicto clases de español de manera particular a niños tailandeses y adultos europeos. Obviamente en las clases que doy y en las conversaciones que tengo con gente de cualquier parte del mundo siempre estoy explicando lo delicioso que es el cebiche, lo increíble que son el Cusco y los Andes, la sensación maravillosa que produce viajar días de días por el río Amazonas o la tranquilidad que uno encuentra quedándose solo una noche en la isla de Taquile. Ahí me doy cuenta lo mucho que extraño al Perú y la identificación que siento por él.
En Tailandia lo tradicional y lo moderno van de la mano, haciendo que este sea un país con una gran riqueza cultural y un desarrollo económico impresionante.
Bangkok es una ciudad inmensa, moderna y cosmopolita, donde uno puede encontrar la presencia de diferentes culturas conviviendo en paz. Hay una gran cantidad de árabes que tienen comercios y restaurantes, muchos europeos y norteamericanos enseñando en colegios particulares y del Estado, los hindúes y chinos son netamente comerciantes y los africanos están afincados en una zona llamada Nana, en fin, Bangkok es un buen ejemplo de convivencia con respeto y tolerancia para todos. El transporte es genial, aquí hay tren eléctrico, metro, buses, botes-bus por el río en medio de la ciudad, motos y minicamiones para distancias cortas, taxis seguros y toc tocs (tipo mototaxis). La gente es amigable y respetuosa de las reglas, ejemplo a seguir en Perú si queremos avanzar. El budismo y el respeto e identificación con el rey son las bases sobre las cuales se establece la sociedad tailandesa.
Tailandia ha desarrollado una industria del turismo impresionante, la calidad y competitividad de los servicios que se ofrecen, unidos a la hospitalidad de los tailandeses y la seguridad que sienten los turistas, hacen que durante todo el año lleguen millones de visitantes. Hay vuelos directos desde países europeos y asiáticos hacia Phuket, la isla más grande al sur, hacia Chiang Maí (selva norte) y hacia Bangkok. Los precios de los pasajes son económicos, al igual que los servicios.
Acá no hay una gran colonia de latinos, y mucho menos de peruanos, pero cuando nos encontramos, la alegría es grande y se dejan de lado las inútiles diferencias. No he encontrado todavía un restaurante de comida peruana (a ver si Gastón se anima) pero sí unos pocos bares para escuchar y bailar salsa y merengue, locales donde a uno le entra la nostalgia por las fiestas con los amigos en las calles de San Martín.
Sólo me queda decirle a los jóvenes y a los no tan jóvenes que viajen y experimenten nuevas experiencias, que conozcan el Perú y Latinoamérica para que puedan sentirse plenamente identificados con su tierra y tengan una mente abierta a nuestra rica diversidad cultural. Después, el mundo es suyo. Lo mejor para todos.
P.d-: Lamento la tragedia del pueblo hermano de Chile, FUERZA HERMANOS CHILENOS!
Gustavo Aréstegui, Bangkok, Tailandia
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