Hay que ir a triunfar al Mundial
A mediados de los 80, en un parque de Los Ángeles, mis amigos y yo fuimos invitados para completar un equipo de fútbol formado por unos muchachos argentinos. Nos sorprendió un poco esta invitación pues no habíamos ido a jugar sino a descansar después de una semana agotadora de trabajo. En este nuevo país todos éramos recién llegados.
Foto: Archivo Histórico de El Comercio
Mientras decidíamos si jugar o no (la verdad es que algunos no estábamos en la mejor forma), uno de los muchachos que nos escuchó hablar dijo en voz alta: “ché, si son peruanos, estos sí saben de fútbol”. Después de semejante exclamación ya no podíamos negarnos, estaban en juego nuestro orgullo y el renombre internacional dejado por tantos grandes futbolistas de nuestra querida patria. Nos levantamos como un resorte, nos pusimos las camisetas, enderezamos nuestra postura, escondimos la panza y nos encomendamos a San Perico, San Sotil y San Cubillas para hacer un buen papel y salir con dignidad después de noventa minutos de correr por toda la cancha.
Jugábamos contra un equipo de mexicanos que eran muy buenos para el fútbol. Mis buenos amigos Antonio y Enrique se fueron a reforzar la delantera, Leoncio se ubicó en el medio campo y mi compadre Rosendo y yo nos quedamos en la defensa. Debo confesar que me sentía como si estuviera en un Mundial. Estábamos jugando con unos argentinos contra los mexicanos y en una cancha extranjera.
La mente es una cosa extraordinaria, en ese momento estaba experimentando lo que tantos jugadores han sentido al jugar no solo para divertirse sino para dejar el nombre de su patria en el mismo lugar que otros, en base a talento y sacrificio, la han dejado.
A mi memoria llegaban recuerdos del Estadio Nacional cuando en los 60 iba a ver a mi equipo favorito ganar el Descentralizado en unas ocasiones y a jugarse la baja en otras. Recordaba las eliminatorias para clasificar al mundial de México 70, cuando al no poder entrar a ver el partido Perú – Argentina me fui a al circo Ringling Brothers en la Plaza Grau, en donde, con el eco del gol de ‘Perico’ León, el trapecista casi pierde el equilibrio. Recordaba que en el partido contra los bolivianos en La Paz nos ganaron a la mala y el árbitro Chechelev nos expulsó a Nicolás Fuentes y a Ramón Mifflin. Ya de vuelta en Lima les metimos 3 y no quedó duda de quiénes eran los mejores en Sudamérica. Aun así estábamos con dos jugadores importantes menos y la clasificación nos la jugábamos en la Bombonera. Así, en ese ambiente, apareció la canción más querida por toda una generación de peruanos, un tema interpretado por los Ases del Perú, “Perú Campeón”, del doctor Félix Figueroa.
Perú Campeón, Perú campeón
Es el grito que repite la afición
Perú campeón, Perú campeón
Dice en cada palpitar mi corazón
El primer tiempo lo jugamos intensamente, atacamos y nos defendimos como los mejores.
Ya para el segundo tiempo se empezó a notar el cansancio de mi compadre ‘Chendo’ y el mío. Nuestros compañeros argentinos, para animarnos y asustar a los mexicanos nos gritaban “movete como Maradona, ‘Chendo’, movete como Maradona”. Al principio esto hacía efecto pero ya después estábamos exhaustos, ‘Chendo’ temblaba todo y yo tenía calambres hasta en el pelo. Felizmente terminó el partido y salimos con nuestro orgullo y dignidad intactos. Después del empate los argentinos nos bromeaban: “peruano, dijimos movete como Maradona no como Sandro”. Hicimos nuestro mejor esfuerzo y nos despedimos con un abrazo.
Yo creo que este orgullo y esfuerzo por llegar a una meta lo aprendimos por esas épocas, con el ejemplo de nuestros padres en casa, los profesores en el colegio y por el ambiente triunfador representado por esos muchachos que se ponían la blanca y roja y dejaban todo su esfuerzo y talento en el campo de juego. Cómo no recordar y agradecer a aquellos muchachos que con dos golazos de ‘Cachito’ Ramírez nos volvieron locos de felicidad por esa clasificación al mundial. Cómo no recordar y agradecer por todos esos partidos ganados a todas las selecciones de América y Europa que vinieron a jugar a Lima en el verano del 70, por esa felicidad inigualable de voltear un partido contra Bulgaria en pleno mundial y así aliviar la pena que nos trajo el terremoto del 31 de mayo de 1970. Yo era un niño de trece años y me acostumbré a ver a mi selección clasificar a los mundiales. Era un sentimiento agradable saber que en América solo Brasil era tan bueno como nosotros. Cómo no recordar y agradecer a esos otros muchachos de la selección como fueron Correa, Eloy Campos, Javier Gonzáles, José Fernández, Risco, Cruzado, Sotil, ‘Cachito’ Ramírez, Eladio Reyes y perdón si me olvido de alguno.
Con Rubiños en el arco
La defensa es colosal,
Gonzáles, Orlando La Torre, Nicolás Fuentes y Chumpitaz
Chale, Mifflin y Cubillas, y el gran ‘Perico’ León
Baylón y Alberto Gallardo, completan la selección
Han pasado cuatro décadas, pero ese año fue inolvidable para los peruanos, nos sucedieron desgracias naturales y pudimos seguir adelante. Recordemos que en Lima ese verano llovió -sí, llovió- toda una noche inundando las calles y destruyendo las precarias casas de los barrios populares. Los limeños nos pasamos la noche tapando goteras y sacando el agua. Mis primos, que vivían en Comas, nos contaron que el barro bajaba del cerro y se llevó algunas casas, pero no hubo desgracias personales que lamentar. Ya la naturaleza nos estaba dando un avance de lo que a fin de mayo nos iba a suceder. El 31 de ese mes, después de ver por televisión la inauguración del mundial, nos sorprendió el terremoto. Los limeños creíamos que habíamos llevado la peor parte, pero al día siguiente nos enteramos que en Yungay la destrucción había sido total. Cada día aumentaban los reportes de muertos y desaparecidos. El pueblo con coraje y valor se puso de pie y fue en ayuda de sus compatriotas. El gobierno declaró días de duelo nacional, así fue que después de cada triunfo de nuestra selección no podíamos salir a festejar a las calles. No hubiera sido correcto. Y cuando estos héroes regresaron después de un digno papel en México, no tuvieron el homenaje que se merecieron.
Es hora pues de reparar esa deuda histórica que tenemos con estos “muchachos”, ellos nos ayudaron a soportar esos momentos trágicos, ellos nos dieron las alegrías más necesitadas y mejor bienvenidas. No esperemos que se empiecen a ir para homenajearlos. Que se lleven ese reconocimiento y agradecimiento de todo un pueblo a quienes ellos enseñaron el camino de la excelencia, a no rendirse ante el difícil compromiso, su desempeño deportivo ayudaron a moldear toda una generación de peruanos.
A los muchachos de esta generación les digo: “Tienen una oportunidad que nosotros no tuvimos hace cuarenta años, tienen más tecnología, un país más estable, así que se espera mas de ustedes. Manos a la obra que aún hay mucho por hacer, que la meta de un mejor país sea su guía, que la esperanza de nuevos logros siempre esté en ustedes y que sus sueños se vean realizados para bien de ustedes mismos y para las futuras generaciones”.
Hay que ir a triunfar al mundial
Venceremos a todo rival
Con el lema Perú a campeonar
Siempre arriba, Perú debe ganar
Hernando Pérez, Estados Unidos
* Todos los interesados en publicar una historia en “Yo también me llamo Perú” pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

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