Orgullosa de mi país y de sus colores
Cada vez que me hacen la pregunta mágica: “Where are you from?”, no dudo ni un segundo para decir con orgullo que soy del Perú. Y es que el estar lejos de mi país me ha hecho madurar y quererlo mucho más. Hoy me siento más peruana que hace un año, cuando aún caminaba por las calles limeñas y renegaba cuando al taxista no le daba la gana de llevarme donde le pedía o cuando me peleaba con los cobradores para que hagan respetar el asiento reservado. Ahora extraño parar una combi, así tenga que escuchar la misma “cu-cu-cumbia” todo el camino.

Si me preguntan qué extraño más, les diría que todo, el calor de mamá, unos ricos anticuchos en la Plaza de la Bandera, detenerme en los puestos de venta de periódicos para leer los titulares, pasear por el Parque Kennedy con un té burbuja en las manos, entre muchas otras cosas más Y es que las costumbres o el día a día que se vive en el Perú no lo encuentras en ningún otro lugar del planeta. Solo en el Perú esperaría que sean las 6 p.m. para correr a la panadería en busca del pan francés más crocante.
Me pregunto si habrá una patria más bella que el Perú y la verdad, lo dudo. Dudo que Dios haya creado un país más maravilloso que el nuestro. Hoy, si me vuelven a preguntar de qué país soy, se me inflaría el pecho de orgullo y en cuestión de segundos se me cruzaría por la mente todo lo que significa para mí el Perú. Nací en Huacho y como siempre lo diré, Huacho es mi pedacito de paraíso en la tierra.
Hoy vivo en Massachusetts, y cada vez que tenemos antojos peruanos, tomamos la highway y nos vamos a Connecticut en busca de esa carta peruana tan añorada, no importa si en el LCD pasan los mismos videos o si nos atiende el mismo mozo, lo que importa es lo que dice aquella carta: “Tacu Tacu”, “Seco de carne”, “Cebiche”, “Parihuela”, “Picarones”, y así 50 platos más.. y ni qué decir de la rica Inca Kola o la chaposa Kola Inglesa. Para mí es como un viaje de peregrinación gastronómica.
Y aunque ahora estoy en Estados Unidos y en un futuro me veo paseando por Europa, sé que siempre volveré a mi Perú para recargar energías, para llenarme de todo ese cariño que solo los peruanos sabemos dar, para ver esas caritas mías que tanto extraño y para verme cara a cara con aquel “Jorge Chavez”… tan querido y odiado a la vez. Yo también me llamo Perú, señores, no solo en 28 de julio.. sino los 365 días del año, y estoy orgullosa de mi patria y orgullosa de mis colores.
Rocío Perea Bazalar, Estados Unidos
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