Messi volvió a entrenar con FC Barcelona. (Foto: FCB)
Messi volvió a entrenar con FC Barcelona. (Foto: FCB)
Pedro Ortiz Bisso

Con su imagen maltrecha tras haberse lanzado a una piscina legal con muy poca agua, Lionel Messi volvió ayer a los entrenamientos del Barcelona para ponerse bajo las órdenes de Ronald Koeman. Pero su vida en el club que ha sido su hogar desde su adolescencia no volverá a ser la misma. No hay nada peor que defender con el ceño fruncido algo que se dice amar.

En adelante, cada gesto, cada declaración suya, pasará por un tamiz distinto. No faltará quién busque descubrir un mensaje oculto en la manera como celebre un gol o hasta en la forma en que agarre un tomatodo. Messi se queda porque no lo dejan irse. Y para el hincha que gritó sus goles con orgullo y la ciudad que lo adoptó como uno de los suyos, es una herida sangrante, difícil de parar.

Bartomeu, el malo de esta película, ha conseguido que la historia no lo recuerde como el presidente que provocó la huida del mejor jugador del mundo. Salvó el pellejo pero no se libró del desprestigio. En esas condiciones deberá rearmar un equipo cuyo sostén financiero pende de un hilo. Como recordaba Ramón Besa en “El País”, la permanencia de Messi significa también que sus planes de reducir el costo de la plantilla tendrán que postergarse. Y eso, para un club que gasta 392 millones de euros en sueldos por temporada, no es una buena noticia en estos tiempos de pandemia y escasez.

En “Era por abajo”, el programa que conducen Ezequiel Fernández Moores, Andrés Burgo y Alejandro Wall, hacían mención a un aspecto dejado de lado entre tanta opinología: el nuevo poder político de Messi en la interna del barcelonismo. En junio del 2021 se termina su contrato, así que el argentino puede escuchar ofertas desde enero, pero no solo de otros clubes, sino también de quienes pretenden sustituir a Bartomeu. Quien logre seducirlo, tendrá la presidencia ganada en las elecciones de marzo. El empresario Víctor Font ha anunciado que si gana, Xavi será el entrenador. Este ‘neoguardiolismo’ puede resultar atractivo para Messi quien, más allá de su buen estado físico, a los 33 años empieza a transitar el último tramo de su carrera.

Sería, además, una estupenda forma de reconciliarse con una afición que hoy lo mira con recelo. El cierre feliz de una historia hecha de goles y mucho amor.

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