Tabla de posiciones de la Liga 1 después del clásico entre Universitario y Alianza. (Foto: GEC)
Tabla de posiciones de la Liga 1 después del clásico entre Universitario y Alianza. (Foto: GEC)
Pedro Ortiz Bisso

No es la ansiedad, el estrés ni el insomnio, es ignorancia pura. La ha desatado una mirada casi enfermiza contra el fútbol, al que un poco más y se lo acusa de haber fabricado el virus, entre sudores espesos y olor a linimento, en algún recóndito camarín de la Superliga china.

¡¿Por qué se le da más importancia al fútbol que a la ciencia?! ¡¿Por qué ganan más que los científicos?! ¡Los futbolistas son unos ignorantes!, exclaman aquellos que buscan culpables a ciegas, sin recurrir a la mínima evidencia para darle algún sustento a sus extraviados argumentos.

Es absurdo negar el olvido en que se encuentran el trabajo científico y el sistema de salud pública. La tragedia que vivimos con el nuevo nos está haciendo pagar factura por décadas de desprecio hacia la labor de nuestros investigadores y de los trabajadores de la sanidad, que hoy se baten en la primera línea de defensa sin mascarillas, guantes, batas ni otros elementos de protección. Y lo hacen, además, exponiendo sus vidas y las de sus familias, ganando sueldos miserables.

¿Qué tiene que ver el fútbol con esto? ¿Qué culpa tiene de ser un deporte popular? Ese es el gran misterio que sus críticos no han sabido responder.

El fútbol en el Perú, aunque a muchos les cueste entender, no recibe un sol del Estado. Vive de lo que genera que, en términos relativos, es poco. ¿Y la camiseta, el escudo que porta la selección, no son símbolos de todos? La Federación Peruana de Fútbol es una suerte de franquicia de la FIFA. Para participar en sus torneos se somete a lo que mandan sus estatutos, por eso suelen generarse fricciones con la legislación nacional. En cuanto a los símbolos que utiliza, estos se encuentran inscritos como propiedad de la federación en Indecopi.

Es doloroso que un trabajador de la salud gane unos pocos miles de soles al mes, que dedique su vida a salvar las de otros, sin recibir un reconocimiento acorde a la labor que realiza. Ese es un asunto que, esperamos, cambie luego de la desgracia que estamos viviendo. Pero no desviemos la atención. La culpa de este imperdonable olvido es de otros. El fútbol es inocente.

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