La semana pasada, la Reserva Federal (FED) llevó a cabo el primer recorte de su tasa de política monetaria en más de cuatro años, iniciando un proceso de reducciones para llevarla hacia un nivel más neutral, de mediano plazo, que estaría alrededor del 3,0%. El recorte estaba ampliamente descontado por los mercados, pero había discrepancia sobre la magnitud: 25 o 50 puntos básicos (pbs.). Como ya sabemos, la FED se decidió por la opción más agresiva (50 pbs.), señalando que se sentía más confiada sobre la continuidad del descenso de la inflación (actualmente en 2,5%) hacia su nivel objetivo de 2,0%. Además, Jerome Powell declaró que la FED haría todo lo posible por mantener un mercado laboral saludable. De esta forma, la institución monetaria está virando su atención desde el control de la inflación (objetivo prioritario que se percibe ahora como ya casi garantizado) hacia el rol estabilizador de la política monetaria para asegurar un ‘soft landing’ de la economía (un entorno de tasas de crecimiento sostenibles, sin presiones inflacionarias).