"Los problemas de bajas coberturas y pensiones son conocidos. Sabemos de su poca solidaridad y redistribución", señala Tuesta (Foto: GEC).
"Los problemas de bajas coberturas y pensiones son conocidos. Sabemos de su poca solidaridad y redistribución", señala Tuesta (Foto: GEC).
David Tuesta

Si uno lanza una mirada al pasado cercano, es probable que lo resaltante sean turbulencias e irresponsabilidades políticas. Un mareo constante que tiene al país sin rumbo claro, y donde nuestro potencial económico es la víctima. Tímidos pasos adelante y muchos hacia atrás; donde decisiones económicas valientes son imposibles; donde prima el agrado popular más que los necesarios e incómodos sacrificios. Así, atisbando nuevamente a ese pretérito reciente y al futuro próximo, la conclusión es triste y contundente. ¿Se pueden hacer reformas? Hoy no. Ojalá mañana. 

Es completamente irrealista soñar con reformas económicas importantes, y menos aun, por ejemplo, en pensiones. Esta semana, la OCDE presentó otro informe con propuestas para reformar el sistema de pensiones peruano. Este se suma a la iniciativa gubernamental de conformar un consejo de evaluación para una potencial reforma pensionaria, la cual tiene toda la pinta que producirá otro informe de gran nivel técnico. Pero creo que este, previsiblemente, tendrá poco que contarnos, ya que nuestro sistema de pensiones ya tiene una sobredosis de diagnósticos y propuestas en su haber.   


Los problemas de bajas coberturas y pensiones son conocidos. Sabemos de su poca solidaridad y redistribución. Es evidente el daño causado por la ley que permite el retiro del 95,5% de los fondos. Y todos señalan la necesidad de perfeccionar el componente de ahorro privado.  

A disposición se tienen decenas de informes serios publicados por organismos internacionales, además del de la Comisión de Protección Social 2017 (de la cual formé parte), que quedó enterrado bajo el ruido político. 

Y es que el problema no es ni la falta de diagnósticos ni la ausencia de propuestas. Lo que ha faltado es ponerlas en marcha, convenciendo a los grupos de interés sobre la necesidad eventual de algunas medidas poco populares –en el corto plazo– a cambio de alcanzar una sociedad más próspera y con mejores perspectivas de crecimiento a largo plazo.  

Hacer esto requiere tener a un presidente liderando procesos, dispuesto a utilizar su capital político. Capital que, lamentablemente, no se ha querido invertir en su momento y que hoy tampoco sirve, si se tiene en cuenta el adelanto de elecciones planteado. En este marco, las conclusiones que en algún momento haga público el consejo no servirán ni para impulsar una reforma ni para que el próximo gobierno lo tome en cuenta. 

Chile nos ha dado, en los últimos años, lecciones de lo que significa reformar en serio un sistema de pensiones. Vimos a la presidenta Michelle Bachelet liderando un proceso difícil que estuvo precedido de fuertes protestas en las calles. Y la reforma ahora está siendo completada por el presidente Sebastián Piñera, lográndose importantes avances en el Legislativo.  

Hacer una reforma de calado requiere liderazgo al más alto nivel e instituciones que funcionen. Carecemos, lamentablemente, de ambas cosas. Hoy no habrá reforma. Ojalá mañana.

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