Ana Estrada murió dignamente, pero su lucha sigue viva. Por más de tres décadas, la psicóloga vio su cuerpo atrofiarse progresivamente a causa de la polimiositis, enfermedad que le quitaba día a día su libertad e independencia desde los 12 años. En paralelo al doloroso deterioro de su cuerpo, Ana inició una lucha para garantizar su derecho fundamental a la muerte digna, “a evitar la agonía y el sufrimiento”, como contó a El Comercio en una de sus últimas entrevistas. Su historia marcó un hito histórico en el país y ahora ella descansa en paz.

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