Resumen

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Desde que empezó el estado de emergencia por el COVID-19, el Nueva Esperanza, como también se le conoce, cerró sus puertas a las visitas y solo permite 5 personas por entierro. (Leandro Britto / @photo.gec)
Desde que empezó el estado de emergencia por el COVID-19, el Nueva Esperanza, como también se le conoce, cerró sus puertas a las visitas y solo permite 5 personas por entierro. (Leandro Britto / @photo.gec)
Por Gladys Pereyra Colchado

Sabino Nina recuerda más que nada el sonido de las arpas, los violines y las tijeras de los danzantes cuando piensa en la muerte. Era lo que sonaba cuando las familias honraban a sus difuntos en el cementerio Virgen de Lourdes de Villa María del Triunfo. A sus 60 años, ha pasado más de la mitad de su vida recorriendo el camposanto más grande de Sudamérica como vendedor de golosinas, sepulturero o cargador de féretros, según se lo necesite. Hoy sigue trabajando, pero en el silencio de un cementerio que en medio de la pandemia se ha quedado, irónicamente, sin vida.

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