Por Jorge Paredes Laos

La Segunda Guerra Mundial —el holocausto y las devastadoras bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki— fueron un punto de quiebre en la historia contemporánea. El horror de la hecatombe produjo en Occidente una serie de movimientos contraculturales a favor de la memoria y la búsqueda idealista de un mundo mejor. En el cine apareció con intensidad el neorrealismo italiano que exhibía, sin pudor, las ciudades destruidas y mostraba una estética de la pobreza y la desolación; mientras en Estados Unidos surgía el pop y su crítica a una sociedad industrial y consumista. A la par en Europa se produjo un movimiento que se conoció como arte autodestructivo. Ya no más la práctica artística como espacio de creación, sino como un ejercicio radical de protesta.