Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa en la década de 1980. De manera reciente se han reeditado dos libros del escritor peruano donde habla de su colega; del cual fue amigo. Fotos: STEFAN WALLGREN y PIERRE VERDY para AFP.
Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa en la década de 1980. De manera reciente se han reeditado dos libros del escritor peruano donde habla de su colega; del cual fue amigo. Fotos: STEFAN WALLGREN y PIERRE VERDY para AFP.
Por José Carlos Yrigoyen

El requisito principal para odiar a Mario Vargas Llosa es no haberlo leído. O no haberlo leído bien. Podemos discrepar de él en varios aspectos, incluso de manera rotunda, posición que se ha exacerbado entre sus compatriotas durante la presente coyuntura. No será la primera vez ni la última. Pero despreciar a quien ha forjado una obra extraordinaria que nos entrega una mirada generosa, compleja e insoslayable de las circunstancias que definen a esa “herida incurable” que es el Perú -así lo denominó en su artículo “El país de las mil caras”-, solo puede entenderse como una deprimente exhibición de mezquindad y desconocimiento.

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