El rapero Kanye West celebra su primer mitin en apoyo de su candidatura presidencial en North Charleston, Carolina del Sur (Estados Unidos). Imagen del 19 de julio de 2020. (REUTERS/Randall Hill).
El rapero Kanye West celebra su primer mitin en apoyo de su candidatura presidencial en North Charleston, Carolina del Sur (Estados Unidos). Imagen del 19 de julio de 2020. (REUTERS/Randall Hill).
/ RANDALL HILL
Por Juan Diego Rodriguez Bazalar

Genera una extraña sensación ver a Kanye West vestido con un chaleco antibalas en uno de sus discursos presidenciales, llorar y vociferar sobre el aborto y la tenencia de armas. El estupor queda corto cuando se tiene en cuenta que el rapero que aspira a ser el mandatario de Estados Unidos, parece esforzarse por superar sus acciones previas, como si tratara de personificar el elogio al absurdo. Se ha comparado con Hitler, Picasso y Jesús (hasta se puso una corona de espinas para “Rolling Stone”); ha dicho que su dolor más grande es saber que nunca se podrá ver cantar en vivo; y hasta puso a la venta un polo blanco por US$120. En esa lógica, sabotear a Taylor Swift en los MVT VMA 2008 es la cereza del pastel.