
¿Alguna vez has conseguido una oportunidad importante y, en lugar de sentirte orgulloso, has pensado que quizá no eras suficientemente bueno para ella? Esa sensación puede aparecer incluso cuando tienes las habilidades necesarias y has demostrado que eres capaz de hacer aquello que se espera de ti.
Este tipo de inseguridad es conocido como síndrome del impostor y puede hacer que una persona tema que los demás descubran que, en realidad, no es tan competente como creen; sin embargo, para Arthur C. Brooks, científico social especializado en comportamiento de Harvard y autor de The Happiness Files: Insights on Work and Life, experimentar esta sensación no necesariamente es algo negativo.
Por qué el síndrome del impostor puede aparecer con el éxito
Brooks explica que trabaja con frecuencia con personas ambiciosas, a las que describe como “strivers”, es decir, personas que buscan alcanzar objetivos importantes y hacer grandes cosas con sus vidas. Según su experiencia, la inseguridad puede aumentar precisamente a medida que estas personas consiguen más logros.
“Lo que todos los strivers que he conocido tienen en común es que, cuanto más ascienden y más éxito tienen, más inseguros se sienten respecto de su propio éxito, porque no están del todo seguros de haberlo ganado o de merecerlo. Eso se llama síndrome del impostor. Es completamente natural”, afirma Brooks.

Para el experto, existe una curiosa diferencia entre quienes sienten que no merecen sus logros y quienes tienen comportamientos que pueden resultar perjudiciales para los demás.
Brooks sostiene que las personas que han conseguido el éxito mediante esfuerzo, mérito y responsabilidad personal pueden cuestionarse si realmente lo merecen, mientras que otras personas pueden sentirse completamente seguras de que sí lo merecen.
Las personas que menos dudan de sí mismas
Brooks señala que quienes nunca experimentan este tipo de inseguridad pueden llamar especialmente su atención. El especialista relaciona esa ausencia de dudas con las personas que presentan características asociadas a la denominada “tríada oscura”: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía.
“Las tríadas oscuras, en los negocios o en la vida personal, son personas que están por encima del promedio en tres características: narcisismo (todo se trata de mí), maquiavelismo (estoy dispuesto a hacer lo que sea, incluso lastimarte, para conseguir lo que quiero) y psicopatía (voy a lastimarte y no sentiré remordimiento). Podrías pensar que eso es muy poco común. No lo es. Una de cada 14 personas de la población está por encima del promedio en esas tres características. Las tríadas oscuras representan el 7% de la población. Las conoces. Te han roto el corazón. Han sido desleales contigo. Se han atribuido el mérito de tu trabajo. Te han hecho la vida miserable y tratas de evitarlas”, explica.
Frente a ello, Brooks considera que las personas “buenas, normales y saludables” probablemente experimentarán el síndrome del impostor en algún momento. La razón es que pueden reconocer tanto aquello que hacen bien como las áreas en las que todavía necesitan mejorar, mientras que los demás suelen observar principalmente sus fortalezas.

La diferencia entre cómo te ves y cómo te ven los demás
“Lo que estás haciendo aquí, como persona saludable, es que sabes en qué eres bueno y sabes en qué no eres bueno”, sostiene Brooks. El problema aparece cuando la persona presta más atención a sus propias carencias que a aquello que los demás valoran de ella.
“Ellos están observando las formas en que estás creando valor. Tú estás observando las formas en que todavía no puedes crear valor. Y tiendes a concentrarte, debido a lo que los psicólogos llaman sesgo de negatividad, en lo que no tienes en lugar de lo que tienes. Cuando te concentras, como una persona esforzada, trabajadora, ambiciosa y con aspiraciones, en lo que no tienes, vas a sentirte como un impostor. Así es como funciona, a menos que seas una tríada oscura”, explica.
Para Brooks, esta perspectiva permite entender por qué la inseguridad no siempre debería interpretarse como una señal de incapacidad. Una persona puede estar teniendo buenos resultados y, al mismo tiempo, ser consciente de que todavía tiene aspectos que quiere perfeccionar.
Cómo convertir las dudas en una oportunidad
La propuesta del experto no consiste simplemente en ignorar el síndrome del impostor, sino en utilizarlo para identificar aquello que todavía se puede mejorar. Reconocer las propias debilidades puede servir como punto de partida para continuar aprendiendo sin dejar de valorar las capacidades que ya se han demostrado.
“Si sientes el síndrome del impostor, genial”, afirma Brooks. “Eso significa muchas cosas buenas sobre ti. Pero no pierdas la oportunidad. No pierdas la oportunidad de concentrarte en las formas en que realmente puedes mejorar y seguir esforzándote por conseguirlo. Apóyate en el síndrome del impostor sin rendirte ante él. Apóyate en él sin rendirte. Cuando eres un profesional exitoso, tienes aspiraciones y estás teniendo éxito, eso significa que las personas se están enfocando más en tus fortalezas que en tus debilidades. Y también significa que tienes más fortalezas evidentes que debilidades.”

El experto advierte que tampoco se trata de ignorar aquello que todavía cuesta. “Aquí está el problema: si eres una persona bien adaptada y con un mínimo de humildad, vas a sentirte como un perdedor cuando todos los demás te ven como un ganador”, afirma.
Por eso, recomienda reconocer las debilidades sin permitir que estas oculten las fortalezas: “No te concentres más en tus debilidades que en tus fortalezas, pero reconócelas, porque esa es tu oportunidad de crecer, cambiar y mejorar”.
Así, la duda sobre uno mismo puede adquirir un significado diferente. En lugar de verla únicamente como una señal de que no se está preparado o de que no se merece un determinado logro, Brooks plantea entenderla como una oportunidad para revisar las propias capacidades, detectar áreas de crecimiento y continuar avanzando sin dejar que la inseguridad termine definiendo la percepción que una persona tiene de sí misma.












