Renzo Giner Vásquez

La mañana del 9 de julio del 2010, la pista de aterrizaje de un aeropuerto en Viena, Austria, se convirtió en el escenario de una situación digna de las más elaboradas películas sobre espionaje. En ella aterrizaron dos aviones: uno provenía de Nueva York y el otro de Moscú. Al interior viajaban dos grupos de espías que serían intercambiados en una situación sin precedentes desde el final de la Guerra Fría. Más increíble aún, dos de los espías tenían nacionalidad peruana.

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