Pedernales. Las probabilidades de hallar más sobrevivientes del terremoto que asoló el fin de semana caían el martes de forma dramática, pese a los esfuerzos de socorristas en una tragedia que le costaría hasta 3.000 millones de dólares al país.

El sismo, el más devastador en casi 40 años, dejaba 499 fallecidos, más de 4.600 heridos y 107 desaparecidos según las últimas cifras oficiales, aunque las autoridades aseguraron que el número de muertos podría seguir incrementándose.

"Va a ser una lucha larga, no nos engañemos", dijo el presidente de Ecuador, Rafael Correa, tras recorrer la provincia de Manabí, la más afectada por el potente terremoto de magnitud 7,8 ocurrido el sábado.

yudados por perros entrenados y potentes excavadoras, los expertos seguían buscando víctimas entre el tropel de ladrillos y fierros retorcidos, pero los gestos de desazón los delataban: los protocolos de búsqueda indican que las primeras 72 horas son vitales para encontrar con vida a desaparecidos.

"Hay cuerpos aplastados en las edificaciones y, por el olor, es evidente que están muertos", dijo a Reuters el capitán del ejército Marco Borja, en el pequeño poblado turístico de Canoa.

Las imágenes se repetían a lo largo del litoral afectado: sobre calles en las que se levantaban casas, edificios y hoteles, ahora se apilan toneladas de escombros. Miles volvieron a pasar la noche a la intemperie por temor a que las réplicas, que no dejaban de sucederse, tumbaran sus maltrechos hogares.

En Portoviejo, el incólume estadio de fútbol servía de morada, centro de acopio y hasta de improvisado mortuorio.

Junto a sus hermanos, Tito Torres recorrió los 275 kilómetros que separan Quito de Pedernales para darle una mano a sus padres, cuyo supermercado se vino abajo con el sismo.

"Todavía hay varias personas aquí abajo", contó. "Mi primo me dijo que, hasta ayer, se podía oír a la gente gritando. Había dos trabajadores pero sólo uno salió", agregó.

Fuente: Reuters