La Convención Constitucional de Filadelfia no logró un acuerdo sobre cómo debería elegirse al presidente de EE.UU. (Getty)
La Convención Constitucional de Filadelfia no logró un acuerdo sobre cómo debería elegirse al presidente de EE.UU. (Getty)
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En el verano de 1787, los delegados reunidos en la Convención Constitucional de Filadelfia decidieron que el nuevo Estado que estaban creando no tendría un rey sino un ejecutivo electo. Sin embargo, no acordaron cómo se elegiría ese .

James Wilson, delegado por Pensilvania, dijo que el problema de escoger un presidente era “en verdad, uno de los más difíciles entre todos los que tenemos que decidir”.

Cuando tiempo después otros delegados rememoraron aquel esfuerzo grupal dijeron que “este mismo asunto los avergonzaba más que cualquier otro: varios sistemas fueron propuestos, discutidos y rechazados”.

Existía el riesgo de concluir las reuniones sin hallar una forma de escoger un líder. De hecho, este fue el último tema que se incluyó en el borrador final. Si no se hubiera llegado a un acuerdo, los delegados no habrían aprobado la Constitución.

Soy profesor y también he dirigido la celebración del Día de la Constitución de la Universidad de Purdue durante 15 años y una lección a la que siempre vuelvo es el grado hasta el cual los fundadores tuvieron que hacer cesiones mutuas para lograr un acuerdo y garantizar la ratificación. Seleccionar al presidente fue uno de esos compromisos.

Durante la Convención Constitucional se debatieron tres formas de solucionar esta cuestión: elección por parte del Congreso federal, selección por parte de los legislativos estadales y elección popular, aunque el derecho al voto estaba -en general- restringido a hombres blancos que fueran propietarios de tierras.

¿Debería el Congreso elegir al presidente?

Algunos delegados en la Convención Constitucional pensaron que permitir que el Congreso eligiera al presidente proporcionaría una barrera ante lo que Thomas Jefferson denominó como “personas bien intencionadas pero desinformadas” que, en una nación del tamaño de los Estados Unidos, “no podrían tener conocimiento sobre personajes eminentes, calificaciones y sobre la propia decisión de selección”.

A otros les preocupaba que este mecanismo amenazaba la separación de poderes establecida en los primeros tres artículos de la Constitución: el Congreso podría elegir un ejecutivo débil para evitar que el presidente ejerciera su poder de veto, reduciendo la eficacia de uno de los frenos y contrapesos del sistema. Además, el presidente podría sentirse en deuda con el Congreso y devolver parte de su poder al ente legislativo.

James Wilson, uno de los padres fundadores de EE.UU., consideraba que la cuestión de la elección presidencial fue uno de los temas más difíciles de la Convención Constitucional de Filadelfia. (Getty)
James Wilson, uno de los padres fundadores de EE.UU., consideraba que la cuestión de la elección presidencial fue uno de los temas más difíciles de la Convención Constitucional de Filadelfia. (Getty)

James Madison, delegado por Virginia, le preocupaba que otorgarle al Congreso el poder de seleccionar al presidente “convertiría (al Legislativo) en creador y ejecutor de las leyes; y luego ... se pueden hacer leyes tiránicas que pueden ser ejecutadas de manera tiránica”.

Esa visión persuadió a George Mason, el otro delegado por Virginia, de retirar su apoyo previo a la elección del presidente por parte del Congreso y a concluir que “hacer del Ejecutivo una mera criatura del Legislativo es una violación al principio fundamental del buen gobierno”.

¿Una decisión de los congresos estatales?

Algunos delegados consideraron que hacer que los estados se involucraran directamente en la elección del líder del gobierno nacional era un bueno para el nuevo sistema federal.

Pero a otros, incluyendo a Alexander Hamilton, les preocupaba que los estados seleccionaran un ejecutivo débil para aumentar su propio poder.

Hamilton también señaló que los legisladores a menudo se mueven más lentamente de lo que se podría esperar de los líderes más importantes: “En la legislación, la rapidez en las decisiones es a menudo más un mal que un beneficio”.

Puede que su planteamiento no sea tan atractivo como el musical que lleva su nombre, pero el punto de Hamilton es claro: no confíe en las legislaturas estatales.

¿Una elección de los ciudadanos?

El ultimo método que fue debatido fue el de la elección popular.

A James Madison no le gustaba la idea de poner en manos del Congreso la elección del Ejecutivo. (Getty)
A James Madison no le gustaba la idea de poner en manos del Congreso la elección del Ejecutivo. (Getty)

Algunos delegados como Gouverneur Morris, representante por Nueva York, vieron al presidente como el “guardián del pueblo”, alguien que debería ser electo directamente por los ciudadanos.

Los estados del sur se opusieron argumentando que estarían en desventaja en una elección popular debido a que el verdadero tamaño de su población no estaría bien representado por causa de la gran cantidad de personas esclavizadas en esos estados que no podían votar.

Esto finalmente se resolvió, en uno de esos muchos acuerdos, contando a cada esclavo como tres quintas partes de una persona libre a los efectos de la representación.

En este tema, George Mason compartió el escepticismo de Jefferson sobre los ciudadanos comunes, diciendo que sería “antinatural dejar en manos de la gente la elección de un personaje adecuado para magistrado en jefe, como sería dar una prueba de colores a un ciego. La extensión del país imposibilita que el pueblo tenga la capacidad necesaria para juzgar las respectivas propuestas de los candidatos”.

Un comité para los temas pendientes

Los delegados nombraron un comité de 11 miembros, uno por cada estado presente en la Convención Constitucional, para resolver este y otros problemas complicados, al que llamaron el “Gran Comité de las Cuestiones Pospuestas” y se encargaron de resolver “asuntos pendientes, incluido cómo elegir el presidente.”

Inicialmente, seis de los 11 miembros preferían las elecciones nacionales populares. Pero se dieron cuenta de que no podían ratificar la Constitución con esa disposición: los estados del sur simplemente no la aceptarían.

Entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre de 1787, el comité luchó por lograr un compromiso aceptable.

El tercer informe del comité a la Convención propuso la adopción de un sistema de electores, a través del cual tanto el pueblo como los estados ayudarían a elegir al presidente. No está claro a qué delegado se le ocurrió la idea, que significaba una solución en parte nacional y en parte federal, y que reflejaba otras estructuras de la Constitución.

Alexander Hamilton pensaba que si se dejaba la elección del presidente en manos de los congresos estadales, estos escogerían a un mandatario débil. (Getty)
Alexander Hamilton pensaba que si se dejaba la elección del presidente en manos de los congresos estadales, estos escogerían a un mandatario débil. (Getty)

A prueba de interferencias

A Hamilton y a los demás fundadores se les aseguró que con este sistema acordado, ni la ignorancia del público ni la influencia externa afectarían la elección del líder de la nación.

Ellos creían que los electores garantizarían que solo una persona calificada se convirtiera en presidente. Y pensaron que el Colegio Electoral serviría como control para un público que podría ser engañado fácilmente, especialmente por gobiernos extranjeros.

Pero el sistema original, en el que el ganador del Colegio Electoral se convertiría en presidente y el segundo en vicepresidente, se desmoronó casi de inmediato.

Para las elecciones de 1800, habían surgido los partidos políticos.

Debido a que los votos para presidente y vicepresidente no se incluyeron en boletas separadas, los candidatos del Partido Demócrata-Republicano, Thomas Jefferson y Aaron Burr, empataron en el Colegio Electoral, por lo que la resolución de la contienda fue enviada a la Cámara de Representantes. La Cámara finalmente eligió a Jefferson como tercer presidente, dejando a Burr como vicepresidente y no a John Adams, quien había encabezado la lista del Partido Federalista contrario.

Este problema se resolvió en 1804 cuando se ratificó la 12ª Enmienda, que permitió a los electores emitir votos separados para presidente y vicepresidente. Ha sido así desde entonces.

Gouverneur Morris, delegado por Nueva York, creía que el presidente debía ser electo directamente por los ciudadanos. (Getty)
Gouverneur Morris, delegado por Nueva York, creía que el presidente debía ser electo directamente por los ciudadanos. (Getty)

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